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viernes, 28 de junio de 2013

AS DE GUIA




                                        




     Cuatro años atrás había dejado el puerto, la partida fue de noche y nadie estaba en el muelle despidiéndose, la dársena estaba maloliente, pues las redes allí depositadas sin  tan siquiera haberlas desenredado estaban en avanzado estado de descomposición, aún se movían algunos peces atrapados allí de las capturas y descartes del día anterior, casi se podían escuchar los lamentos, los gritos y sollozos de los moribundos animales, el nauseabundo hedor me mantenía semialetargado y mi corazón latía rápido y poco acompasado -ya no era joven- necesitaba  partir rápidamente, antes de que comenzara a desperezarse el día, necesitaba no ser visto ni oído, pues mi desaparición debía de pasar desapercibida, como lo fue mi llegada. Un día estaba allí tirado sobre unas viejas tablas de un abandonado barco, bajo un toldo improvisado con unas viejas velas de un abandonado velero. Nadie supo nunca cuanto tiempo llevaba allí semidormido, casi desnudo y sucio, siempre con la mirada perdida en el horizonte y la cabeza y mente perdida en sabe Dios que cosas.
     El mar estaba calmo, sólo una suave brisa matinal me mantenía fresco, pero húmedo, siempre mojado y con ese olor a muerto que me acompañaba habitualmente desde hacía tiempo atrás. El sol se elevaba suavemente para volver a destrozar mis dañadas retinas, los días sucedían a las noches sin  hacerme reaccionar, mis movimientos se habían vuelto mecánicos, apenas necesitaba pensar para sobrevivir, pescaba al amanecer, y comía lo capturado cuando el sol estaba en su cenit, volvía a recolectar algo al atardecer para devorarlo sin mucho miramiento ni pudor con las últimas luces de la tarde.
     Dormía, comía y poco más, ya apenas ni reflexionaba sobre mi vida ni esperaba nada, sólo el retraso de un nuevo día me inquietaba, el siguiente amanecer podría ser el último, la próxima comida se me antojaba distinta e insípida, ese momento en que nunca más sentiría el placer de la incertidumbre, podría estar detrás de la siguiente ola, o quizá un poco más lejos, justo en el lugar donde se unen cielo y mar, en esa fina y difuminada línea que ya apenas llegaba a distinguir, pues mis hundidos ojos estaban llenos de larvas de algún microscópico animal que nunca debió llegar allí, y que disfrutaba del húmedo y caliente clima que encontró en mi globo ocular.
     Con mis agrietados labios y sin apenas ver ya no comía apenas y sólo bebía el agua que recogía del rocío de la mañana, sorviendo y chupando las mugrientas telas que ponía en la cubierta de mi paquebote, ese que antaño fuera un gran navío y del que sólo queda el recuerdo en alguna vieja postal que nunca llegó a su destinatario, y algunas letras de su nombre en su gastado «trawler».
     No siempre fue así mi larga travesía en estos cuatro años, hubo un tiempo en que los camarotes estuvieron llenos de gente, amigos, pero sobre todo pasajeros de los que casi ni recuerdo sus caras, llegaban de todas las ciudades del mundo, buscaban las libertad que proporcionaba el mar, el poder navegar por todas las costas descritas en mi libros y así sentir ese viento que tantas veces  quemó mi maltrecha cara, llegando a desfigurármela de por vida. Nunca supe como llegó mi cuaderno de bitácora a manos de algún librero, que malinterpretándolo, pensó que era un libro de aventuras y que podía editarse.
    Comencé a escribir una tarde de primavera, ya casi entrado el verano, y lo hice para tomar partido por una causa justa a la que quise poner voz, y ahora me veo en la necesidad de cerrar y firmar la obra, esta que quedaría inconclusa sin narrar las vicisitudes que acarrearon mi desafortunado quijotismo. Después de luchar contra vientos y mareas, con tempestades y huracanes y con la tranquilidad del deber cumplido, me quedaría la sensación de la inutilidad de todo lo viajado, si no fuera por los recuerdos acumulados en estas páginas, donde narro todas mis peripecias y desencuentros con el mundo, apoyado en mis amigos y mi propia esposa que ha viajado a mi lado en casi todas las ocasiones y me ayuda a empaquetar este volumen, enterrando mis propias vergüenzas.
    El día que estoy terminando de relatar mi último viaje, o mejor dicho la tarde, es un verano cualquiera de Sevilla, allí he desembarcado por última vez, en el río Guadalquivir que me viera nacer, aunque kilómetros mas arriba y llamándose  Geníl. Estoy junto al puente de Triana intentando ordenar todas las mojadas e ilegibles páginas que amontono en una vieja y oxidada lata de conservas. Sólo me queda recuperar algunas cosas que se me han caído al río al desembarcar, pues mis cansados músculos apenas si me mantienen en pie, y mis viejas articulaciones no me dejan controlar mis torpes movimientos, ni tan siquiera lo que fuera una fuerte musculatura era capaz de mantener mi torcida columna derecha, este viejo marinero abandona el barco y hace un nudo con una soga, el «As de guía» para atrapar los enseres caídos al sucio río.
     Utilizo este lazo porque se trata del único nudo corredizo utilizado por los marineros; se usa en maniobras de aparejos y para recoger objetos flotantes que puedan haber caído por la borda, también hay quien lo denomina ahorcaperros, pero a mi no me gusta llamarlo así por razones obvias. Ya con él en mis manos pesco el resto de mi valiosa mercancía y la deposito en los estantes de mi carruaje, hecho con las cuadernas de mi desvencijado barco, haciendo desaparecer todo resto de mi viaje. Vagaré hacia algún lugar remoto para recomponer los pedazos que han sobrevivido y que lleguen a vuestras manos de una manera limpia y ordenada.
     En el camino de regreso, y recapitulando los contenidos que quedarán plasmados en mi ópera prima, pienso en cómo debió de ocurrir todo, recuerdo a todos los que cayeron al mar en los días de tormenta y nunca más volverán, familia y familia de compañeros fallecieron en la travesía, otros abandonaron el barco sin despedirse, sin mirar atrás, sin agradecer el paseo y ni tan siquiera pagar el pasaje. Evoco algunos personajes que viajaron en clase superior, otros fueron polizones o truhanes, pero finalmente todas se fueron yendo dejándome en la más absoluta de las soledades. Bueno... tampoco puedo ni debo decir eso, un pequeño ramillete de joyas aun conservo y espero poder lucirlas el tiempo que me quede que navegar si algún día partimos hacía nuevas aventuras auspiciadas por libros e historias que van llegando a mis manos.
     Los bultos recogidos del río ya están secos unos días después y decido abrirlos y ver el estado de su contenido, me encuentro que hay unos amarillentos papeles en los que hablo del «Jorobado de Notre Dam», recuerdos me asaltan dejándome muy aturdido, pues se acerca el momento de poner la palabra Fin a mi lucha. Manuel Fernández Magán paseaba cuatro años después por el bulevar de la avenida Calvo Sotelo de Granada, ya no estaba jorobado y se le veía feliz y recién afeitado, el día anterior había acabado su penúltima lucha como miembro del tribunal del módulo de grabado, comentamos lo extraño de encontrarnos en ese lugar tan alejado de los sitios que solíamos frecuentar. Le confieso que busco unas revistas que me había encargado una amiga Mejicana y que debía mandárselas a su país, y así quedó todo, despidiéndonos cordialmente como siempre.
     De vuelta a mi casa, nos encontramos nuevamente y me pide que le enseñe el artículo de nuestra amiga común Gabriela Sodi Miranda, él la conoce antes que yo, pues pertenece a «libro de artista», y así le descubrí mi secreto, pues ya sólo quedaba escribir el final que él mismo me estaba brindando en ese instante. Le comento que estaba transcribiendo un libro y que ella era la autora del prólogo, que faltaba poco para que todo estuviera concluido, y que cuando esto ocurriera, se lo mostraría, a lo que me contestó -  Tu escrito aún sigue donde lo pusiste, nadie lo ha quitado-. Después de tanto tiempo, el taller de grabado sigue con ese texto con el que empezó este, y el «As de guia corredizo» ha hecho que quedaran unidas para siempre todas las historias acaecidas en los largos viajes que me ha brindado la vida y las que han llegado a mis manos en forma de libros escritos con amor y arte.
     Finalmente el fundido en negro con que termino procede de la tinta sumi con la que ahora escribo y el río por donde bogo no es más que una pesada piedra llamada suzuri y que posee ese hueco por donde navego en los últimos tiempos.

martes, 14 de mayo de 2013

ANA Y SU OBRA



Enlace permanente de imagen incrustada

    
                     La bajada del telón se hizo sin mucho estruendo, no hubo ovaciones ni aplausos, esta ópera -como todas- pertenece a un género de música teatral en el que una acción escénica es armonizada, cantada y tiene acompañamiento instrumental, pero tiene la particularidad de estar representada en los sótanos del castillo, de esa madriguera medieval y tétrica por la que arrastro mi indignidad en las tardes de hastío.
     Aún lucía el sol primaveral de Mayo, pero la luz no llegaba a iluminar los altares por donde pasaría yo. Esas hornacinas cubiertas de telarañas apenas dejaban entrever las últimas creaciones de los siervos, pues los miserables amos corroídos por la envidia y lacerados por el pestilente olor que desprendían sus almas las mantenían semiocultas tras sus preciosos anuncios de edenes y jardines multicolores. Estaban tras las falsas promesas de felicidad eterna en otra vida mejor tras los altos muros de piedra, en lo alto del torreón.
     Mis ojos cegados por las luces de neón de la engañosa publicidad no me dejaron ver la obra de mi amiga Ana, ella que logró engañar a la malvada bruja Maléfica colocándole en sus propias narices el duro y triste retrato de la vida entre las paredes del infierno. “Al hilo del arte, hilamos fino”, ese es el eslogan elegido para conseguir nuevas almas y que abruptamente colocaron sobre el diseño de esta joven artista cordobesa a la que tanto admiro.
     Tres caras iluminan la entrada de la escuela, tres semblantes textiles que me acompañaran en los últimos días de clase, cada rostro me recordará su interrogante mirada, su deseo de conocimiento, y por supuesto sus ganas de escapar.





viernes, 29 de marzo de 2013

MIGRACIONES



 
               Ya tengo otra migración en mis manos, Nicolás Ramajo me lo
ha mandado. No es un libro, no es un mapa, no es un objeto.
Es un compendio de magia, introducida a golpe de viajes en
el alma de mi amigo, y el que guarda restos de naufragios,
me ha mandado un plano del Autobús de Banlieue, lo ha
rellenado de vivencias, ha escrito para recordar las
paradas en el tiempo con lápiz, emborronado por los golpes
de baches y vecinos empujando. Anotadas todas y cada una de
las horas que perdió, de lo autobuses que pasaron y que no
cogió.
   Dentro de estos recuerdos del año1979, ha recompuesto su collage de
vida, son trozos y restos de fugaces miradas, de lágrimas y sollozos
entrecortados para no ser vistos por nadie.
   Diccionarios escritos a mano en su interior, esfuerzos entrecortados
por los cambios de residencia, por los malos momentos pasados; por los
que quedan por llegar.
  Una vez que terminó su recorrido para mandármelo, lo cosió dulcemente,
pero de manera dura y severa, como con rabia, acostumbrado a recibir
paquetes desde el otro lado del mundo sabe que deben de ir atados y bien
atados para que no se pierda ni un átomo del aire que contienen, y así
poder saborear el aroma del café recién hecho de casa.
  Maravilloso recorte de vida y soledad que me mandan desde Bulgaria, no
lo he querido desplegar para no perder la pureza de la obra, la he
dejado cosida y solo me he asomado furtivamente por las rendijas que ha
dejado abiertas para que pueda seguir observando el día a día de un
emigrante, es una suerte de "Big Brother". Muchas gracias amigo por tu
obra, conceptual y fuerte, un grito de soledad y esperanza.

EN EL BOSQUE DE LA ALHAMBRA I



 
 
     Paseando lentamente como acostumbro, para impregnarme de los
maravillosos sonidos y olores del frondoso bosque que vigila mi
ciudad.
 
      Percibiendo sonoras cascadas de agua helada, trasparente que baja
desde los jardines del Generalife, vi que de un gran castaño
centenario caía suavemente una enorme hoja marrón, muy sutil era
su caida, casi volaba hacia mis tendidas manos, según se acercaba
pude vislumbrar que realmente su forma adolecía de las puntas con
que se adornan estas lindas escamas de estos árboles, además
carecía de nervaduras para reforzar su carácter.
 
       Cada vez mas cerca de mi vi con asombro que en esa linda hoja
había una mancha negra, bueno al fin y al cabo era invierno y
podría ser que se había mojado e incluso pudiera que se tratase
de algún liquen que intentaba aferrarse a la vida. Ya a una
distancia menor, pude apreciar que se trataba de unas letras,
quizás este árbol qureia decirme algo, pues es un paraje tan
especial, tan hechizado que no me extrañaba nada esta situación
que todos hemos vivido muchas veces en un lugar tan entrañable y
mágico a la vez.
 
       Finalmente cuando ya casi la tocaba con mis dedos vi el mensaje, el
conmovedor y maravilloso mensaje " ARTE ES DAR".
 
       Inmóvil, helado me quedé, ¿quien me conocía tanto, quien podía
haberme hecho llegar un mensaje tan profundo de esa forma tan
maravillosa? Pronto descubrí el maravilloso secreto que guardaba
mi dorada hoja de castaño, era Mi amiga Claudia Morassi que desde
Montevideo me la dejaba caer en mis manos justo en el mejor de los
sitios.
 
       Abriendo los pliegues de este maravilloso regalo encontré que
parte de esta belleza se había instalado en su interior, los
pájaros se guarecían de la lluvia, Ya florecía el campo
inundándolo todo de su fragancia y olores.

EL LARGO OTOÑO




   Seguía siendo otoño llevaba ya largos años hundido en un largo y triste otoño, siempre envuelto en arces rojos, cubierto de sus hojas que me envolvían y me asfixiaba.
   La lluvia lenta suave y constante empañaba mi mirada, el color rojo tan intenso hería mi pupila hasta hacerme sangrar lagrimas de pasión, lagrimas de tristeza de compasión por el ser en que me estaba convirtiendo, animal huidizo y desconfiado, tapado por una gran mascara de tupidas hojas, solo en algunos minutos, o quizás segundos en que brotaba la primavera y veía alguna mariposa podía lavar mi cara para ver el animal enjaulado que se reflejaba sobre los charcos de rocío que ese sol de primavera había convertido en cristalina agua.
   Maravilloso libro que he podido ver en la red, perteneciente a mi admirada amiga ANA CELIA QUINTANA, y que  amablemente a fotografiado y colgado Mª Antonia Sánchez, en su blog.
  En este fantástico documento grafico, veo la ternura que nos recrea su autora para enmascarar el triste destino del otoño, que cada vez se torna mas rojo, mas largo y por su puesto mas triste. Ana Celia ha sabido entrar en nuestros corazones de la forma mas sutil para arrancarnos esa sonrisa de niño que llevamos dentro a la espera de su regalo que en este caso viene dado en forma de primavera, una primavera verde y frondosa, rodeada de multicolores mariposas revoloteando sobre nuestras vidas. Un fuerte abrazo ya gracias por darme ese soplo de emoción y de fuerza para escribir. 

SOÑABA…….





   Aun no era de día, intentaba desperezarme pero no podía, así que me deje llevar, tanto fue así que volví a quedarme envuelto en mis penumbras, pero esta vez era un dulce y profundo sopor que me elevaba mas allá de las nubes, porque realmente volaba, no era un sueño, estaba sobre el Atlántico a gran altura hasta que baje lentamente para seguir acurrucado sobre las mansas aguas del Mar del Plata.
    Nunca había pisado esas tierras, ni en sueños, era mi primera incursión de muchas que seguirían, pues encontré la paz que necesitaba junto a aquellos pájaros que me acompañaron en mi fugaz y delicioso paso por el charco que une las orillas de Argentina y Granada.
  Que bonito era todo, apacible, arrullado por un tango, aunque no estaba muy seguro si así era, pero el sonido si que era la machacona música de una bandoneón tocado por algún marinero errante perdido en alguna cala cercana.
 Así estuve horas, no se si días, pues era difícil discernir algo en aquel estado de embriaguez en que me encontraba Parecía que ya clareaba algo y del suelo iban brotando flores, bueno aún no sabia si serian flores, pues realmente la tierra parecía romperse, como si pugnara por salir algún brote vegetal, se rasgaba la superficie cada vez mas rápido, parecía que incluso le arrancara algún quejido, pues ciertamente el dolor sería intenso toda la piel rajada, abierta como una gran herida sangrante.
   Después de un rato de observación y estupor vi que se asomaba algo geométrico, como una punta de lanza, esta crecía a gran velocidad hasta convertirse en un gran y maravilloso obelisco, y la gran herida de la tierra se convirtió como por arte de magia en una gran avenida, nada mas y nada menos que la calle Corrientes de Buenos Aires.  
      Aquello me hizo recordar que mi gran amiga Ángela Vadalá  me había estado contando cosas de su tierra, del barrio donde nació, creo recordar que me dijo que era La Boca. Que preciosidad, como ella fue capaz de llevarme volando por todo su mundo con unas palabras con un gesto.
    Precioso libro, que me ha llegado muy adentro por la expresividad y su riqueza de sentimientos. Muy cuidado y sensible.
    Muchas gracias Ángela Vadalá por tu obsequio y por tu gran humanidad.

sábado, 23 de marzo de 2013

Danaus plexippus






                                             










      El naranja es un color alegre, libera las emociones negativas, te hace sentir menos inseguro, menos penoso, más comprensivo con los defectos de los demás y te aporta ganas de perdonarlo todo, además estimula la mente, renueva las ilusiones en la vida y es el perfecto antidepresivo, pues nos da esa energía que necesitamos para llegar a crear todo aquello que deseemos y así lograr la felicidad absoluta.

     Perfecto, necesito ser naranja, crear naranja, no puede ser tan difícil, desde este mismo instante quiero convertirlo todo en el complementario del azul, sentirme así de vivo, así de feliz, nunca hubiera imaginado que pudiera ser tan fácil, pintemos la ciudad de naranja, los árboles de azul…

     No sería tan difícil lograr la paz mundial, con un sólo chasquido de los dedos podemos hacerlo, si cada uno de nosotros pintásemos una pequeña parcelita de nuestro hábitat lo habríamos logrado, sería magnífico si no fuera por un pequeño fallo, algo que me he encontrado un poquito más adelante en mi investigación sobre la felicidad y la armonía. Resulta que mi color favorito, aquel con el que iba a pintar mi vida, mi mundo, tenía una pequeña tara, ese contrapunto necesario para que todo funcione perfectamente, pero que en el naranja es tan controvertido, o al menos eso pienso yo que me deja sin argumentos para poder pediros que encalemos nuestra cúpula de ese color, para que cuando llueva ilumine nuestras vidas.

     Como contrapartida el individuo con color naranja puede llegar a desarrollar unas cualidades totalmente contrarias a lo que deberían, es decir, puede convertirse en una persona manipuladora que hace lo que sea para conseguir cumplir sus deseos. Es por ello que en vez de querer ayudar a los demás, se vuelve egoísta y poco sociable.

     Que desastre, que desilusión, acabo de perder mi nueva tonalidad, resulta que también puede ser todo lo contrario, - no seas naranja- podrían decirnos, y en mi caso no se equivocarían, esa acidez que me caracteriza seguro que me la infiere ese color, esa fruta. Ya no sé cómo arreglar este mundo, mi mundo, se me han caído los palos del sombrajo y no sé muy bien cómo focalizar esta nueva derrota, pero lo cierto es que tampoco podría ser tan fácil arreglar el mundo con unas pinceladas de color, eso ya se le habría ocurrido a alguien, pues a lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos, partidos, marcas y personajes encarnados e inspirados en él, incluso en la guerra de Vietnam usaron una mezcla de herbicidas hormonales llamado “Agente naranja”, y todo ello con mi color favorito. Aunque sólo haya sido por unos minutos, he podido disfrutar de su fuerza y vigor, para luego dejarme arrastrar hasta el fondo de mis propias inmundicias. Si fuera naranja sería el peor de los naranjas, el más turbio de todos, sería un naranja fétido y desalmado, solitario y altanero, prefiero que nadie me vea así pintado con ese maloliente color que ha infectado mi cuerpo y alma.

     Estaba triste, apesadumbrado, no pude captar la intensidad y las posibilidades de la confidencia que había llegado hasta mí, nuevamente estaba cegado y cerrado a todo razonamiento que me llegara por los cauces no autorizados por mi obtusa mente. Estaba frente a algo único y no supe comprenderlo hasta un tiempo después, cosa que ahora agradezco, pues ya estoy totalmente preparado para absorberlo y contaros la maravillosa historia que me ha pasado.

     El aire se hacía irrespirable por momentos, y en esta ocasión no era una pesadilla, mi corazón no estaba oprimido por mi enorme pecho, no estaba bocabajo en la cama, pues mi posición era erguida, algo encorvado, pero en posición vertical, estaba mirando fijamente al cielo, pues presentía algo anormal a mi alrededor, el calor se hacia insoportable y la luz se estaba tamizando, perdían pureza los colores de todo lo que me rodeaba, no podría interpretarlo con palabras, pero lo cierto es que la situación se tornaba peligrosa y muy extraña. Ya el lugar se estaba convirtiendo en irreconocible para mí, todo era más grisáceo, estaba anocheciendo en pleno día, apenas podía reconocer ninguna tonalidad a mi alrededor, pero yo seguía allí quieto, intentando comprender aquello que estaba sucediendo a mi alrededor. Nunca hubiera podido correr aunque creo que no lo intenté, todo parecía un mal sueño, pues allí anclado tendría que esperar el fatídico desenlace, debía esperar que las fuerzas extrañas que me rodeaban me llevaran a esa otra dimensión desconocida que sabía que se abriría frente a mí en cualquier momento. Todo pasaba muy rápido, no podía pensar ni analizar la situación, me notaba confuso y acobardado, ya todo estaba terminando y yo allí quieto, inmóvil, absurdamente ni siquiera sudaba a pesar de las altas temperaturas a las que estaba siendo sometido.

     Sólo cabía esperar, dejarme arrastrar por la marea que llegaría de un momento a otro, ese tsunami sería lo último que vería y nunca más podría escuchar a Mozart ni deleitarme con el grave y sonoro timbre de Cello, pensando que es la voz aguardentosa de una cupletista entrada en años llorando una triste melodía mientras lo arropa entre sus piernas.

     Aquello que había empezado como un bonito día de campo se convirtió en algo difícilmente imaginable para cualquier mortal, la peor de mis pesadillas se enfrentaba a mí en plena vigilia. Pero aquel día no era uno más del año, estábamos en Noviembre, concretamente era el día de “Los muertos”, y eso era muy importante, aunque yo en aquel momento lo ignoraba, nunca olvidaré ese día.

     -El Día de  Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos, se cree que los familiares fallecidos regresan a casa, donde se les honra con banquetes, celebraciones y elaboradas ofrendas. De acuerdo con la leyenda, las mariposas monarca que llegan a México en estas fechas son en realidad las almas de los fallecidos que regresan a este mundo. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizaban en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años.-

     Nunca me había percatado de ese detalle, que un día como otro cualquiera tuviera esa trascendencia en la vida de muchas personas, incluso ya para mí también desde este momento en que estoy relatando mi profunda experiencia extrasensorial, sin poder transmitir todo aquello que percibí de manera clara y concisa, pues hay que tener en cuenta el estado en que me encontraba, debido a la situación tan extraña que estaba viviendo, aún así intentaré hacerlo de una manera clara y sencilla.

     Finalmente pude comprobar el porqué de aquellos cambios tan espectaculares a mi alrededor, pues se trataba de una gran nube naranja, ese color que me perseguía desde el inicio del relato, se acercaba a mí de forma rápida e inexorable, me atenazaba y a la vez me excitaba, y cuando todo se cubrió de ese mar de nimbos agrios vi claramente que se trataba de algo que la naturaleza obsequiaba todos los años a los habitantes de México y al mundo entero, los bosques  se pintan de naranja en Michoacán, entre 60 millones y un billón de mariposas emprenden el viaje desde el Este de Canadá y hasta los bosques del Centro-Occidente que es el lugar donde vive mi amigo Teodoro Lavín León, que es un pintor expresionista y activista político muy comprometido, este gran luchador de las causas justas me ha revelado el secreto en un maravilloso libro cuajado de tricolores lepidópteros, esos que año tras año recorren casi cinco mil kilómetros para posarse en los templados bosques de su comarca.

     Los algodoncillos que comieran las orugas de las” Danaus plexippus” se han convertido en papel, para que fielmente plasmara su vuelo, su migración, y en definitiva su vida y que así pudiera yo disfrutar aquello que lleva viendo desde su niñez. Pero además como escritor reconocido que es, entre el vuelo grácil de las monarcas me explica, me conduce y me lleva a través de su mundo, de sus mundos a ver y sentir todo el proceso del milagro. Su verbo lo transcribo  seguidamente:





        Migrante que baila entre las flores

        Mariposa que vuela y revuela sobre la nada

        Naranjas de vuelo intercontinental que surcan el cielo de América

       Valientes como naves de Avatar que enfrentan vientos diferentes

       Migración de América del Norte, de Canadá a México en el invierno

        Mariposas que danzan en mi bosque colgadas de ramas como pencas

        Llamarada de sol que inundas nuestros cielos

        Vibran, danzan en mi armonía sinfónica



     Así termina mi experiencia con el libro de las mariposas que va más allá de cualquier tratado que nadie escribiera.

    

    


      

    


miércoles, 20 de marzo de 2013

TODOS ESTOS AÑOS FUERON COMO UN DÍA









Benn
1905 . 1989
"Toutes ces annes furent comme un jour"
Y debajo, en una lápida más pequeña:
"La peinture c’est la vie”
"Ma vie c’est la peinture"
     Esto es lo que me encuentro en un blog de un artista español, y  que paso a traducir inmediatamente: Benn 1905. 1989 " Todo estos años fueron como un día " debajo, en una lápida más pequeña: " la pintura es la vida " " mi vida es la pintura”.
     Me quedo helado y rápidamente me pongo en contacto con el autor de la página, su nombre es Lorenzo Forné y me comenta: “Entiendo que sabes donde está el Cementerio de Montparnasse. La lápida, como se puede ver en la foto, estaba por la parte central del cementerio, ya sé que esto no es decir nada pero creo recordar que era por aquella zona por la que también me encontré con la tumba de Julio Cortázar”
     Con estos datos me quedo y busco más información acerca de mi hallazgo, puesto que me ha resultado muy interesante y me topo directamente con la Escuela de París, que fue un grupo heterodoxo de artistas que trabajaron en París en el periodo de entreguerras (1915-1940) En ella hubo una gran diversidad estilística, sirviendo para englobar a artistas de difícil clasificación. Sin embargo, la mayoría estuvieron vinculados en mayor o menor medida al expresionismo.
     Me siento entusiasmado con la madeja que estoy descubriendo gracias a esta extraña lápida, unos artista englobados en esta escuela y que ya desde este momento adoro como si de un tótem se tratara, ya que todos y cada uno de ellos me llevan por mundos maravillosos, esos mundo en los que vivo, en esos que habitualmente lloro, sufro y disfruto. Lugares de acción, de devoción, pero también de angustia y dolor, mundos desolados y tristes. Inhóspitos para el resto de los mortales, pero muy vivos para mì, son mis paisajes, los lugares por donde transita mi vida y mi existencia, es allí donde moro, desde donde escribo, pinto y estudio, es mi jaula, mi extraña vida se desarrolla allí, la vida de eso hombre indescriptiblemente apasionado con todo lo que hace hasta el siguiente segundo, que es donde ya comienza a odiar lo creado, lo construido…
     Estoy extasiado con lo que leo, pues el término engloba a una gran variedad de artistas, tanto franceses como extranjeros, que residían en la capital en el intervalo entre las dos guerras mundiales. En aquella época París era un fértil centro de creación y difusión artística, tanto por su ambiente político, cultural y económico, como por ser el origen de diversos movimientos de vanguardia como el fauvismo y el cubismo, pero sobre todo por ser el lugar de residencia de grandes maestros. Que tiempo más hermoso debió ser ese, vivir en ese crisol de arte y cultura, que seguramente no estaría tan cerrado como son los actuales, aunque si  hubiese pertenecido a esa época nunca los hubiera conocido, por mi incapacidad de relacionarme durante mucho tiempo con nadie.
     Yo y mi forma de ver e interpretar la vida hace que me sea imposible mantener amistades, ni siquiera con artistas cercanos, a lo más que llego es a cartearme con ellos y así escribiendo, todo es más meditado, más pausado, siendo las interpretaciones también más abiertas, con más escapatorias, pues no suelo decir las cosas tan directamente para así no herir a nadie, pues las más de las veces escribo para mi, como terapia vital. Las metáforas lo inundan todo para que yo y nuevamente yo pueda flotar sobre esas aguas turbias sin miedo a ensuciarme con mi torpe verbo.
     Esa tumba, ese epitafio me ha hecho escribir estas líneas aprovechando este momento de entreguerras personales .En estos momentos de dudas con respecto a mi última obra, de mis inconclusos “peces solubles”. Ya llevo varias semanas esgrafiando sobre la pintura, raspando y retirando lo que alguien pegó en su día, liberando su masa para que floten sobre las azuladas aguas, que pueda elevarse hacia ese cielo que mira desafiante, mis peces se sienten atrapados en la tela de araña que tejí sobre ellos, esa red que me atrapa y me ahoga no los deja que sean libres, nos mantiene unidos hasta el momento final en que ellos puedan liberarse y nadar finalmente hacia su propia eternidad, que se sientan capaces de comenzar una nueva vida en la que yo ya nada tendré que ver. Mis queridos compañeros de viaje, esos fríos y apelmazados azules ya no volverán a estar unidos a mí, ellos nacieron para ser libres y por ello mantenemos esa feroz lucha desde el mismo instante de su nacimiento. Ellos se crearon así mismos con la ayuda de mis manos, se pintaron y finalmente se separan de mi con los cortes del afilado bisturí que porto diariamente, ellos me guían con precisión de cirujano para que pueda separarlos sin sufrir el menor daño.
     Espero y deseo terminar mi obra con el menor daño posible para mi persona y los que me rodean, esos animales pronto serán una nueva estampa que adornará una pared, otro amor abandonado a su suerte, es la triste vida de lo creado a mi imagen y semejanza, es el triste destino de mi obra.
    Comienzo la historia en un cementerio, con un epitafio y la termino con una cita de Vincent Van  Gogh: “Sueño mis pinturas y luego pinto un  sueño”.              
                                                              
    
    

sábado, 2 de febrero de 2013

Granada en la mirada





                                                       AMANECE EN GRANADA



        “Mira a Granada por mi y luego me cuentas que color tiene hoy. Un saludo cordial Ángela Vadala”

     Tenía una difícil misión mi amiga de Llavallol me llevaba a mirar mi ciudad desde mi interior, y ese estaba muy turbio hoy.
   El día era gris, el plomizo cielo caía blandamente sobre Granada, pero yo tenía que salir, era necesario respirar y lo haría en las próximas horas, pero ya no volví a acordarme de la labor que me habían encomendado. Anduve, conduje y respiré, todo sobre ruedas y zapatos, pero a la vuelta de mi pequeño viaje me percaté de un bonito y maravilloso detalle.
    El blanco de plomo con que estaba pintado el cielo, ese albañal se había caído sobre las enormes montañas que custodian la ciudad de la Alhambra, pintando e iluminando su porte, y por su falda bajaban ríos de espuma blanca bañando con su luz la vega que “pintara” Lorca.
    Así amanecía el día en Granada el 2 de febrero del 2013.
  

lunes, 10 de diciembre de 2012

KANDINSKY , EL VIOLETA Y YO





            Estaba bien entrado el Otoño, las pardas y ocres hojas cubrían todo el sendero, pero las que reconocía desde la lejanía y mas me llamaban la atención, fueron unas que caían desde lo alto de un gran paredón rojizo (antiguas murallas de la Alhambra), desde allí se despeñaban unos grandes y malolientes pliegos de pergamino con inscripciones, eran unas tablas ordenadas de menor a mayor. El color de estos números eran negros sobre todo pero algunos estaban pintados en un rojo bermellón descolorido por el sol y desvanecida su original belleza.
   Caían como grandes pétalos a mi paso, el viento mecía su aliento mezclándolo con los dulces aromas del arrayán.
    El color rojo del atardecer lo inundaba todo ahogándome. Era una sensación única, sublime, pero triste, se acababa un nuevo año, otro año perdido entre luchas y anhelos, entre cuitas imposibles y sueños rotos. Se aceleraba el tiempo, los momentos eran cada vez más cortos y los silencios más largos. Las emociones eran imprecisas pero recurrentes, se acaba un año y comienza otro, se acaba una vida pero comienza otra.
    Poco queda que escribir con los colores del arco iris en mi retrato, algunas pinceladas, algún matiz. Supongo que apenas unos minutos, solo espero la orden de quien guía mis pinceles para acabar definitivamente este tercer panel donde aparece un amplio y estudiado compendio de profundas reflexiones.
   Al ser que describo en la obra no termino de entenderlo, porque cada día me sorprende con nuevas y descabelladas declaraciones. Con nuevos y disparatados  sueños. Ese ser que se repite en cada uno de los lienzos y que me mira desafiante aunque triste y reflexivo es de color violeta, sus azules rojizos me extrañaron mucho, pero no sólo a mi, quien lo ha visto, aunque solo sea en fotografía me interroga sobre el propósito y el fin de esas tonalidades, cosa que nunca supe contestar hasta hace unas horas en que mi vista vuelve a encontrarse con Kandinsky, leyendo: “De lo espiritual en el arte”.
   



        “Así como el naranja aparece cuando el rojo se acerca al espectador, el violeta surge al alejarse el rojo por medio del azul. El violeta tiende a alejarse del espectador. El rojo subyacente ha de ser frío, ya que su calor no hay modo de mezclarlo con el frío del azul; lo mismo sucede en el terreno espiritual.

        El violeta es pues un rojo enfriado, tanto en sentido físico como psíquico, por eso tiene algo de enfermizo, apagado (como la escoria) y triste. No sin razón se considera que es un color adecuado para vestidos de ancianas. Los chinos lo utilizan como color de luto. El violeta recuerda al sonido del corno inglés o de la gaita y, cuando es profundo, a los tonos bajos de los instrumentos de madera (por ejemplo, al fagot).”


    Realmente no se si estoy de acuerdo o no con el maestro, de hecho ni tan siquiera me lo planteo, pero nuevamente la lectura de este manual de arte me ha hecho reflexionar en mi obra y sobre mi vida. Me queda un tercio de la obra, y espero y deseo que me abra más puertas a mis pobres entendederas este delicioso libro.

sábado, 27 de octubre de 2012

Tríptico






     Resultado de la segunda y primera imagen del tríptico de mi autorretrato, terminado casi cuatro años despues de la primera. 2 telas de saco, montados sobre bastidor de 1m.X 0,81m. y estucado. Tecnicas mixtas.















    

jueves, 25 de octubre de 2012

LA MEMORIA.










                                                     LA MEMORIA.



                                        DEFINICIÓN DE MEMORIA:
         La memoria es un proceso mediante el cual somos capaces de recuperar la información que previamente hemos registrado en nuestro cerebro.

                                       DISTINTOS TIPOS DE MEMORIA:

      Atkinson y Shiffrin en los años 70 postularon la existencia de tres almacenes de memoria (teoría multialmacén o teoría de la memoria múltiple).
    La existencia de estos tipos de almacenes no se ha podido demostrar experimentalmente, pero sí deducida a partir de las investigaciones sobre lesiones cerebrales en la que ha resultado afectada.
-          Memoria sensorial. En este almacén los datos se registran con todo detalle durante unos breves instantes (1 ó 2 segundos) de una forma bruta y no significativa, es decir, puede no tener ningún sentido para nosotros. A pesar de ser tan breve, los recuerdos son muy precisos, casi idénticos a los estímulos que los han provocado. La memoria sensorial incluye diversos tipos de recuerdos procedentes de los distintos órganos sensoriales; podríamos hablar de memoria sensorial visual, auditiva, olfativa, táctil y del gusto. El olfato es el sistema sensorial más antiguo y primitivo: está organizado de forma muy simple y los estímulos olfativos llegan rápidamente al cerebro. Según las investigaciones recientes, existen conexiones importantes entre el sistema olfativo y el sistema límbico y el sistema olfativo está también estrechamente vinculado con los otros sistemas sensoriales (oído y vista). Probablemente estas conexiones permiten que otros acontecimientos queden asociados a los olores, lo que explicaría que la memoria olfativa tenga un mayor contenido emocional que las demás memorias sensoriales y que cuando recordamos un olor estemos recordando también el contexto emocional y sensorial en el que lo percibimos la primera vez.
-          Memoria a corto plazo La información es seleccionada y almacenada en ella durante un periodo de 15-25 segundos (incluso unos pocos minutos) y en una forma más significativa. Su limitada capacidad exige que las nuevas informaciones vayan desplazando o empujando a las antiguas.
-          Memoria a largo plazo: En este tipo de memoria la información queda registrada de forma permanente, no se borra nunca, aunque a veces resulta difícil de recuperar. Su capacidad es aparentemente ilimitada, en ella nos cabe todo lo que queramos almacenar. También nosotros recordamos la información organizándola en esquemas o temas generales. Para que los recuerdos queden guardados en la memoria a largo plazo habrá que relacionarla con otros, la nueva información tiene que conectarse necesariamente a otras que ya tenemos para que se integren.
     Quiero hacer especial hincapié en la memoria sensorial, pues desde que intento plasmar mis sentimientos plásticamente, mi búsqueda personal me lleva a verter sobre el lienzo o el material que en ese momento esté trabajando mis emociones e inquietudes, en definitiva todas esas sensaciones que me recorrieron cuando viví aquella situación que quiero representar.
    Después de más de treinta y cinco años, sigo empeñado en ello, estudio, diseño y pienso, pero sobre todo medito mucho sobre la posibilidad de poder transmitir todo ese cúmulo de ideas en la obra, cosa que me sobrepasa y me desespera, pues mis pensamientos van mas rápido que mi mano, y cuando empiezo a cristalizar una idea, ya la ha enterrado la siguiente. Esta situación hace que ni yo mismo pueda comprender el verdadero significado de la obra, que queda casi siempre inconclusa, pues siempre falta el último pensamiento, la última ráfaga de aire fresco.
    En mi constante búsqueda de la belleza, de la armonía artística, comencé a dibujar del natural, en la calle, como ya he comentado en otras ocasiones, esta nueva ventana me obliga a ver como cualquier persona, me obliga a sentir la urbe tal cual es, fría y abrupta, sin sentimientos ni emociones, dibujo ladrillo y hormigón, sin ningún adorno externo, sin pasión, sólo líneas duras y espacios vacíos. Intento transmitir ese trozo de ciudad, que yo he recortado, como lo haría un fotógrafo, es sólo un fragmento de naturaleza muerta. Mido y borro hasta la extenuación, en cada boceto invierto más de veinte horas de trabajo, llegando a más de treinta en alguna ocasión.
     Las tardes de los veranos transcurren así, plácidamente paseando con mi cuaderno y mis lápices, dibujando y aprendiendo cada día un poco más, ya me conocen muchas personas, hablamos y comentamos algo sobre mi trabajo, pero la mayor parte del tiempo, son sólo conversaciones banales, sin mucho contenido, aunque en ocasiones derivan en reflexiones más profundas, como es el caso que paso a relataros.
   Era un caluroso verano de agosto en Granada, corría el año 2011 y me paré como en numerosas ocasiones a contemplar a otro “Urban Sketchers”, pero no era un pintor cualquiera, este era nada más y nada menos que el doctor Juan García Pedraza, profesor de dibujo de la Facultad de Bellas Artes de mi ciudad. Mientras me recreaba con su obra, y charlábamos, me pidió que le enseñara mi libreta, pues siempre él quiere ver mi trabajo. Apenas me pone pegas nunca, pero siempre me hace algún comentario “magistral”, por supuesto, aunque casi nunca soy capaz de aprovecharlo dada mi vanidad. Aquel día, me preguntó la edad, pues según me dijo después, había unos cursos en la Facultad, para mayores de cincuenta años y que estos me podrían interesar, a lo que yo le respondí: “No quiero aprender a dibujar, pues realmente, lo que a mi me interesa es plasmar sentimientos, sensaciones en mis obras, y que dibujaba del natural para obligarme a ver la realidad desde el otro punto de vista y así poder comparar y aprender a expresarme.” Aquella fue mi última visita a Juan aquel verano, puesto que me contestó como docente que es” Ya estamos con lo mismo…”. Así que apresuradamente cerré mi cuaderno y me despedí de él no sin antes contestarle: “Me voy a mi casa, pues es la segunda cura de humildad que me dan en el mismo día y en un intervalo de tiempo muy corto”.
      Volviendo a la memoria como proceso, y a la dificultad que tengo para expresar sobre un lienzo sensaciones, y que esas representaciones, nos lleven al lugar y al mismo instante en los cuales recreó su obra el autor, esto es lo que intento explicar en este breve ensayo.
     La memoria sensorial incluye diversos tipos de recuerdos procedentes de los distintos órganos, como ya exponía anteriormente podríamos hablar de memoria sensorial visual, auditiva, olfativa, táctil y del gusto. Aquí me encuentro que en mis obras no puedo aprehender más que lo que el ojo pueda ver, y poco más, y esta es una dificultad añadida para representar el universo sensual que nos fascina continuamente y con la que me encuentro enfrentado diariamente.
      Actualmente estoy terminando la segunda obra de un autorretrato desglosado en un tríptico, no intento que sea una foto como ya he expuesto, sino un compendio de mí mismo desde la introspección, así que al no ser capaz de trasmitir un detalle que me gustaría pintar, lo hago con mi pobre verbo, pues  considero que plásticamente me expreso más libremente, pues mi dilatada experiencia me hace ser soberano.
  Volviendo a  la memoria olfativa, me gustaría destacar, que se puede asociar un olor a una imagen emocional, en cuanto que la emoción sea positiva, el olor será evocador de bienestar; si por el contrario el olor se asocia a algo negativo será evocador de inquietud y malestar. Los primeros recuerdos olfativos son los más potentes en su capacidad para reactivar las emociones; dicho de otro modo, cuanto más antiguo sea este recuerdo, más profundo será la emoción que despierte. Por lo tanto, el olor actúa como un disparador  rápido de recuerdos más que ver o escuchar, así que a mi me hizo despertar hace dos días un recuerdo muy antiguo, de hace más de cuarenta años, un olor que no me agradó en absoluto.
     Estaba sentado como cada mañana frente a mi ordenador, y súbitamente me llegó aquel aroma que desprendía mi abuela, y que esporádicamente he podido reavivar a lo largo de mi vida, al ser desprendido por muchas mas abuelas, este efluvio, que más bien se convirtió en hedor, así era, invadía mi estancia, me impregnaba profundamente, tanto fue así que  llegaron a saltárseme las lagrimas. Esto fue  al descubrir el origen del mismo, pues me encontré que procedía de mi propio cuerpo, ahora era yo el que olía a viejo, a rancio, esos malditos olores que odiaba se habían apoderado de mi cuerpo, salían desde mis entrañas. Aunque el primero de todos fue de mi sonriente y adorable abuela Emilia, no dejó de ser un presagio, una mala visión en una mañana de otoño.
   Finalmente sólo me queda por decir, que los recuerdos nos pueden llevar a estos trances tan íntimos que nos devuelven  a la realidad  como un mazazo y esto sin posibilidad de huida ni vuelta atrás.
    

sábado, 6 de octubre de 2012

SUITE N º 1 EN SOL MAYOR, BWV 1007












               Las Seis Suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach son algunas de las composiciones más frecuentemente realizadas en solitario y reconocibles jamás escrita para este instrumento.
    El Preludio, principalmente a base de arpegios acordes, es probablemente el mejor conocido movimiento de todo el conjunto de suites y es regularmente oído en la televisión y en las películas. Como ejemplo de una muy impactante, me viene a la memoria “el pianista”, siendo esta una adaptación de las memorias de Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco de origen judío, que vive con su familia en Varsovia. Cuando, en 1939, los alemanes invaden Polonia, consigue evitar la deportación gracias a la ayuda de algunos amigos. Pero tendrá que vivir escondido y completamente aislado durante mucho tiempo, y para sobrevivir tendrá que afrontar constantes peligros.
      Espléndida película en la que Polanski ambienta con admirable realismo el guetto de Varsovia y reconstruye con hermosura el espanto del holocausto. Para darle fuerza y realismo, resalta las interpretaciones del piano de este artista, En la mitad de la película se puede apreciar en la banda sonora la Suite Nº 1 para violonchelo en sol mayor (BWV 1007), de J. S. Bach.
      Nuevamente escuchando Les Introuvables de Jacqueline du Pré, me vienen a la memoria recuerdos, unos mas intensos que otros, pero todos muy lejanos, me remonto ocho años atrás, donde comenzó todo.
     Estudiaba nuevamente en La Escuela de  Arte de Granada, habían pasado más de  veinte años de la primera vez que entré a estudiar en ella, en aquellos años hice un monográfico de talla en piedra, y fue mi primer contacto con la educación reglada en arte, aunque llevaba ya unos años creando e intentando vivir de ello, sin fortuna como es lógico.
     Era el año 2004 y estaba matriculado en “cerámica artística”, el curso era muy denso, pues eran seis horas diarias cinco días a la semana, como ahora, pero en aquel tiempo no sabía lo intenso y duro que podría llegar a resultar, con lo que a mitad de curso abandoné, terminando sólo el taller y la asignatura de volumen.
      Quedé tan emocionado  e impactado por todo lo que vi y aprendí allí con mis profesores Concha y Adolfo que en paz descanse, que luego estuve unos años haciendo esculturas de pequeño tamaño en mi casa.
    Aquella época la recuerdo con mucho cariño, el comedor de mi casa convertido en taller, como casi siempre por otra parte, allí preparaba los armazones de las piezas, pintaba, fabricaba mi pasta de papel, fabricaba e investigaba sobre endurecedores y texturizadores, sobre todo tipo de imprimaciones y pinturas para terminar mis piezas y esconder el origen humilde de su alma.
    Realicé varias piezas, siempre buscando que sus proporciones fueran adecuadas, estudiando la obra desde muchos puntos de vista, cambiando mi posición y la luz constantemente, analizando cada intervención concienzudamente, era una actividad que me reconfortaba sobremanera y eso me hacía muy feliz. Realmente aproveché aquellos meses mucho, y así estuve aproximadamente unos dos años, de los cuales no sólo tengo buenos recuerdos en mi memoria, sino que también poseo un puñado de obras con muy diversas terminaciones y formas; todo un ejercito de figuras y objetos varios, y alguno de ellos de mayor envergadura que yo, cosa que tampoco es muy difícil de conseguir, debido a mi baja estatura.
    Hoy volviendo a escuchar la “Suite n º 1 en sol mayor, BWV 1007” Johann Sebastian Bach, me viene a la memoria una bonita historia sobre una de las piezas que creé en aquella etapa de mi vida. No he vuelto a hacer esculturas desde entonces, sólo unos pequeños relieves para hacer tapas de libros de artista y varias piezas de terracota en mi clase de volumen, nuevamente con Concha, cuando estudié el fatídico módulo de Grabado y Estampación.
    Jacqueline du Pré, ella fue quien me inspiró este “bulto redondo”, y me ha vuelto a dar ese soplo de aire para darme valor y así poder recrearos la atmósfera y todo el halo que rodeó aquel momento en la que comencé a plantarme en mi mente aquella obra.
     En una noche cualquiera, viendo en la televisión alguna película, o mejor dicho, mirando el conjunto de luz y color que ponían en aquel momento, digo mirando, porque realmente no suelo enterarme de que va casi nada de lo que pasa frente a mis ojos, aprovecho esos momentos para volar por mis mundos mientras estoy recostado en el sofá con una copa en la mano. Veo pasar un cuadro en movimiento, me gusta observar el conjunto de toda la obra, el flujo animado que imprime el cámara a cada fotograma, el encuadre o la falta de este, apenas si oigo de fondo el murmullo de los personajes. Es mi forma de meditar, de imbuirme en mi mismo, y lo hago además de entre otras muchas formas frente a la televisión, esa caja que me brinda instantes de sosiego y relax al final del día, una forma diferente de liberar mis musas y hacer que bailen para mí una vez más.
     Estábamos viendo la película “un genio en la familia”, en el cual el director Anand Tucker se basó para realizar el filme Hilary y Jackie (1998), protagonizado respectivamente por Rachel Griffiths y Emily Watson. Esta obra me hizo meditar mucho durante varios días y así finalmente decidí hacer esta obra para recordar, y de algún modo hacer un homenaje a esta gran mujer, que comenzó siendo una niña prodigio y virtuosa violonchelista, espíritu inquieto y alma atormentada, Jacqueline du Pré conoció la fama y también la tragedia. Una esclerosis múltiple frenó su floreciente carrera cuando sólo tenía 28 años y, tras vivir recluida en una silla de ruedas, murió finalmente en 1987, a los 42.




                                                        EPILOGO



      Ocho años después, un escultor, Vicente, que es compañero de la Escuela, está construyendo un violín de forja y es por lo que al ver el trabajo de este lutier recordé aquellos años y decidí escribir este relato. Al documentarme, para darle la veracidad que busco en todas mis reflexiones, me encuentro que esta película esta basada en un libro que escribieron su hermana Hilary y su hermano Piers.     
        Esta historia empaña la figura de esta leyenda de la música y la retratan como una mujer perturbada y peligrosa a causa de la biografía de su familia.
       La hermana de Jacqueline, Hilary, se casó con el director orquestal Christopher "Kiffer" Finzi, con el que Jacqueline tuvo anteriormente una relación sentimental. Esta relación fue llevada con el consentimiento de Hilary, como una manera de poder ayudar a Jacqueline, que en ese entonces estaba deprimida y tenía comportamientos suicidas.
       En 1999, los hijos de Kiffer y Hilary criticaron públicamente el comportamiento de su madre y presentaron una versión diferente a los hechos, según la cual su padre sedujo a su tía en un momento vulnerable con el fin de adular su propio ego.
       Su cello Stradivarius Davidov 1712 fue adquirido por poco más de un millón de libras por la Fundación Vuitton, que lo dejó en préstamo al cellista Yo-Yo Ma.

   

   


 


Chelo de papel maché y cartón, texturizado con gesso y pintura al óleo. Pintado en color negro sobre pintura roja. Recubierto con barniz cerámico transparente. En su interior hay dos estrellas fosforescentes. Las cuerdas son textiles. Adornos de cobre batido y madreperla, todo ello embutido y barnizado. Medidas: alto 1,46 cm,  ancho 0,64cm. y 0,40 cm. de profundidad. Tiene una excelente sonoridad al ser pulsadas sus cuerdas.