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sábado, 22 de agosto de 2015

Exposición Baza 2015

       Exposición Baza 2015
  Retrospectiva compuesta por: grabados, pintura, serigrafía, cerámica, tapices, esculturas, forja y una instalación textil.

































A  JUGAR  CON  EL  AJUAR  (Instalación)


    Cansadas zapatillas, lona gastada sucia y descolorida, tristes trazos de color sobre la tez azul.
    Colores vencidos por el sueño y el dolor, colores escondidos tras los blancos cordones que atenazan los dedos marchitos del hacedor. Suela manchada del negro barro que suda la ladera de la vida en su devenir.
   Ropa pintada, camisas teñidas y ajuar revuelto, pringosas y embarradas prendas, amontonadas como mugrientas criaturas a la espera del juicio final.
   Vivos colores fueron, jóvenes y lozanas pasearon antaño su altanería por rincones y plazas, por jardines y fuentes.
   Los harapos que hoy yacen bajo hierros herrumbrosos, entre vieja y oxidada chatarra entre despojos de animales, entre corrompidos y malolientes restos de seres inertes, entre falsas creaciones de la naturaleza han formado parte de mi disfraz, es mi atuendo más íntimo
   Cachemir en mi obra en mi ropa, cachemir en mi armario en mi vida, pañuelos de bandidos y vagabundos, de jóvenes y viejos, pero también del amor…
  


    Instalación artística.
   La instalación es un tipo de arte contemporáneo, comenzó a tomar un fuerte impulso a partir de la década de 1960 en el cual el artista utiliza, como parte de la composición, el propio medio (como paredes, piso, luces e instalaciones) además de objetos diversos.
    En esta obra propongo un diálogo entre los pañuelos de bandana que reproduzco en mi obra, y lógicamente en el barullo textil y el espectador, queriendo involucrarlo en mis creaciones tal como yo lo hago en mi vida, en mi atuendo de diario.
   Un aspecto muy importante de la instalación es que será efímera, pues al terminar esta, la ropa pasará nuevamente al armario para seguir expuesta sobre mi persona.


 Pañuelo de  cachemir o bandana
   Cachemira o cachemir (en algunos países de Iberoamérica se le conoce como tela o estampado de bacteria o de ameba) es un diseño o dibujo estampado con forma de gota de agua curvada o de riñón popular en diversos tejidos utilizados para confeccionar corbatas y pañuelos.
   El diseño de cachemira suele asociarse con el Verano del Amor de 1967, con la cultura psicodélica y con la espiritualidad que los Beatles trajeron a Occidente tras su viaje a la India.


                                                                                                                        juanas  2015 Agosto


martes, 13 de noviembre de 2012

LA TRAMA DE MALÉFICA









                                                             LA TRAMA DE MALÉFICA

        “En el día del nacimiento de la Princesa Aurora, sus padres, el Rey Estéfano y la Reina Flor, organizan una gran ceremonia a la que invitan a todo el reino. Durante la ceremonia, Maléfica aparece, decepcionada porque no la han invitado, y como venganza, hace caer una maldición sobre la princesa, diciendo que en el día en el que cumpla 16 años, se pinchará el dedo con el huso de una rueca, y morirá.”
   Así comienza el cuento de la bella durmiente. Ya lo conocemos todos, pero lo que quizá no recordemos muy bien es la parte en que Maléfica hace crecer un bosque de espinas alrededor del castillo, y después, se transforma en un enorme dragón negro y púrpura, y ataca a  Príncipe Felipe (que nada tiene que ver con la familia Borbón). Al final, Felipe la apuñala con su espada (en su forma de dragón), acabando así con Maléfica.
   Cuando escapé del torreón situado en lo alto del castillo, donde estuve encerrado mucho tiempo tejiendo para la malvada bruja y su ejército no reparé en lo que dejaba atrás, sólo pensaba en salir de allí con el menor daño posible. En cuanto pude fugarme respiré hondo y pensé que ya nunca más tendría que subir a las mazmorras situadas en la tercera planta, me sentía feliz por ello. Aunque tenía aun lo recuerdos muy vivos y algunas cicatrices se habían vuelto a abrir, continuaban sangrando y emitiendo nauseabundos olores que asustaban a los que me rodeaban.
   Ayer lunes encontré un pequeño papel en mi libro de lectura, alguien lo había dejado allí para que yo lo encontrara a primera hora de la mañana. Estaba muy bien doblado y en el me hablaba del azul ultramar, volvía el lapislázuli a mi vida, Arturo Casciaro comenzó con su libro, yo lo continué con el texto y Ana Isabel Sevillano Trujillo lo terminó en su misiva.
   La nota era corta y escueta, unas palabras amables y otras que me hicieron ruborizar, pero sobre todo muchos silencios, unos ensordecedores silencios que llenaron mi estancia y me sumieron en una gran melancolía, pues recordé que ella seguía allí en lo alto del castillo.
  Comenzaré desde el principio, pues la historia es larga y aun no ha concluido, pero merece la pena ser recordada y contada.
  Todo comenzó como un día normal de la tejeduría del terror aunque aun no sabíamos que la denominaban así. Bellas y danzarinas hordas de hebras de hilo sobrevolaban sobre nuestras cabezas, la música nos envolvía y aún Maléfica no se mostraba envuelta en llamas verdes y no pululaba por allí su secuaz llamado Diablo, al que denomina cariñosamente "Fiel Amigo" y su ejército de ineptos monstruos tampoco habían hecho acto de presencia.
     El escenario estaba montado maravillosamente y los tramoyistas conocedores de su oficio no dejaban ningún hilo sin atar, para que de esta forma, las sargas, satenes y tafetanes salieran a la perfección. Los copos de lana nos servían de sujeción en nuestro etéreo nadar sobre esas nubes en las que nos zambullíamos. Así iban transcurriendo los días, pero me daba cuenta que los decorados eran sólo eso, cartones pintados para tapar las rejas de las ventanas, los fríos muros y las grandes cerraduras que había en la gran estancia hasta entonces dividida en dos maravillosos salones digno de un rey.
     Éramos sólo algo más de media docena de escogidos para hacer compañía  a la bruja y sus secuaces, pero cuando nos captaron no sabíamos cuales eran sus intenciones ni hasta donde podían ser de malvados. Las comidas se fueron tornando agrias y pobres, apenas nos calmaban el apetito y pronto comenzamos a pelearnos entre nosotros por tan preciado botín. Esto fue sólo el principio, aunque ya desde aquellos primeros días me di cuenta de algo que me extrañó mucho, pues uno de nosotros apenas si comía y notaba que se estaba consumiendo de pena y hambre. Sólo mucho tiempo después pude descubrir que se trataba de la Princesa Aurora.
     Estaba en su rincón, rodeada de telas de araña hábilmente tejidas para que no notara que estaba siendo atrapada en la malla, su banco de trabajo estaba tres puestos mas allá del mío, no podía verla ni oírla, las máquinas con su ensordecedor y rítmico rugir no dejaban que pudiéramos comunicarnos entre nosotros ( ahora lo he comprendido). Su tez blanca y pálida denotaba su rancio abolengo y su erguida espalda correspondía a un ser nacido de alta cuna. Con su larga y trigueña cabellera, bien se podría tejer un etéreo traje de piel de ángel comparable con el mejor raso o satén. Allí estaba ella sumida en una extraña melancolía.
    Pasaban los días y las semanas sin darnos cuenta del lugar tan tenebroso en el que nos encontrábamos, parecía que estuviéramos adormilados, no se si nos proporcionaban algún tipo de brebaje para mantenernos en ese sopor continuo. Con los años supe que esta joven era una artista llegada de la vecina Córdoba y pude comprobar por mi mismo de su maestría y destreza en estas artes y otras.
    Después de muchos meses o años nos fuimos conociendo, realmente no se cuanto tiempo trascurrió pues nos habían privado de la luz y los relojes y sólo nos permitían parar de tejer unas breves horas al día para comer y descansar en los camastros que nosotros mismos improvisamos con los restos de tejidos inutilizados por las ratas que por allí moraban.
    Una tarde (lo supe al salir) me encontré  con que mis grilletes estaban sueltos, podía escapar y por supuesto no lo dudé, no tuve que decirle nada, únicamente le mostré mis muñecas libres, delgadas y sucias, pero sin las cadenas que durante tiempo llevé. Una lágrima asomó de sus limpios ojos y me dijo, “no te vallas, no me dejes aquí sola”, pero ya apenas si pude llegar a escuchar ese sollozo, ese grito desesperado, pues corría montaña abajo sin mirar atrás, sin despedirme de ella, sólo quería volver a respirar.
    Años después o días, realmente no lo sé, veo que la princesa sigue cautiva, la princesa está triste. Se que duerme sentada en el banco de trabajo liada en la manta que tejiera yo con lana en el telar debajo lizo, esa frazada blanca que fue mi ultimo trabajo en el “Reino de lo vertical”.
    

sábado, 10 de noviembre de 2012

W. MORRIS Y YO




                 Llovía mucho este mes de Noviembre sobre Granada, había abandonado temporalmente la manufactura de “libros de artista”, no como él, que hasta en su lecho de muerte le seguían visitando para pedirle consejo sobre el maravilloso mundo de las artes gráficas. Los últimos años de su vida los dedicó al taller imprenta Kelmscott Press, donde imprimió libros de gran calidad y creó nuevas tipografías de reminiscencias góticas. Editó, entre otros títulos, las obras completas de Chaucer en volúmenes bellamente encuadernados y pulcramente impresos con ilustraciones de gran sensibilidad.
   Cuando me refiero a él, hablo de William Morris (1834-1896), poeta, pensador, político, pintor y diseñador, es una figura singular en la historia inglesa de la segunda mitad del siglo XIX, el artífice del gran impulso renovador en el dominio de la estética y la popularización del arte en Inglaterra y en casi toda Europa.
      Me encuentro solo, llevo pensando una semana el texto que le presentaré a mi  mi profesora de Historia del Arte. El tema sugerido fue, sobre este autor Británico, con el cual me siento muy identificado en el sentido de sentir y vivir el arte y el diseño con el mismo amor y pasión, con lo cual seguiré haciendo este comentario desde un punto de vista muy subjetivo, pues habiendo interiorizado los principales puntos que tenemos en común, paso a reflexionar sobre ellos desde la “introspección”. Intentaré darle vida y lo pasearé por mi mundo y así entre los dos darle un valor añadido a este relato, sin que con eso pretenda ser exhaustivo en la cantidad de información, pero si en la calidad, pues me ceñiré expresamente a los nexos en común o muy encontrados entre nosotros. Romperé la barrera del tiempo para que sea atemporal, hasta tal punto que quebraré la cronología de su biografía para centrarme en la parte que más me ha subyugado de ella y así poder escribir libremente, cosa que espero que sea del agrado de seguidores y detractores.
       Necesitaba adentrarme en lo más profundo del arte y la creación, pues ya llevaba casi veinte años de mi abandono de estos elementos vitales para mí. Todas las ilusiones quedaron relegadas, la vida me había cambiado totalmente y debía empezar de nuevo.
     Ya todo estaba medido fijado, quedaba atrapado en la máquina. Pero para llegar hasta ese punto debieron de pasar unos duros años. Tiempos muy difíciles, que dejaron una huella indeleble en mi espíritu, cambiando todas las bases ideológicas y algunas conceptuales.
      Volvía de fiesta como tantas noches en aquel tiempo, una madrugada cualquiera en la que volvía a casa, me encontré con un cartel en la calle, es una pena, pero ya no lo conservo, estaba dentro de un libro que presté y nunca me devolvieron. Era de un curso de iniciación a los tapices. Siempre me gustaron, los amé desde que vi los que había realizado Miró en su fundación, que visité a principio de los años ochenta, incluso realicé algunos, los cuales ya no conservo.
      El curso pasó sin pena ni gloria, pues la monitora no tenía apenas formación sobre la materia, pero aprendí las bases para comenzar a estudiar y a realizar tan precioso y versátil arte. Así con todo ello y una gran fuerza de voluntad realicé mas de media docena de tapices, alguno de ellos de grandes proporciones.
    Hace un año estuve matriculado en la Escuela de Arte de Granada en el ciclo de “Tapices y tejidos artísticos”, con una gran decepción para mí, ya no por el arte en sí, sino por el choque con la forma de entender la docencia. Un año casi perdido hasta este momento en que me encuentro con un espejo viejo, muy deteriorado por el tiempo, pero en el que reconozco mi imagen, allí estaba yo haciendo un rapport que nunca llegué a estampar por la mala relación a la que habíamos llegado el excéntrico docente y yo.  Este trabajo me lo recuerda Morris en un escrito muy interesante sobre ello. Ya estaba inventado y estudiado, no era tan moderno como yo pensaba. (1)
         “Las necesidades absolutas de este arte [del diseño de «patterns»] son la belleza del color y el sosiego de la forma; el color se puede obtener por las combinaciones más simples; la forma puede ser sencillamente líneas abstractas o espacios, y no necesita por fuerza tener un significado identificable o explicar una historia expresable con palabras. Por otra parte, para la pureza del arte es necesario que su forma y su color, cuando tienen una relación con los hechos de la naturaleza (como la mayor parte lo tienen) sugieran estas partes y no las describan”.
    
En este sentido, creo que uno de los aspectos más innovadores en la reflexión estética morrisiana es haber asumido el carácter decorativo de la mayor parte de los bienes de consumo, y haberlo hecho aceptando los aspectos más humildes y que menos llaman la atención. Dos cosas son muy importantes, una es la aceptación de una finalidad estética meramente agradable; la otra, haberlo descrito en términos formales, y formalistas, intentando incluso explicar el grado de convencionalización deseable en el dibujo sólo en términos espaciales. Así ocurre en todos aquellos párrafos dedicados a explicar cómo se deben diseñar los estampados. Cuando habla del grado de abstracción del tratamiento gráfico, y de estilización deseable de la forma de los motivos, del peso de la forma y del color, de recursos como el silueteado y el macizado, de la organización de la estructura geométrica y todas las pautas posibles, de cómo se traducen en forma los condicionantes derivados de la manera de colocar y percibir estos estampados; pero mucho más todavía cuando aborda cuestiones como el grado de misterio deseable en los «patterns», aspecto fundamental para él, que lo explica en términos de interés visual o de pregnancia; o como la del significado, es decir, el grado de identificación deseable de las cosas representadas y la explicación de los temas que es conveniente utilizar:
     “ Lo que tenemos que hacer (...) es crear las flores y las hojas que convienen a los papeles pintados, formas que se adecuan de manera evidente para ser estampadas con un molde de madera; encubrir suficientemente la construcción del «pattern» para evitar que la gente cuente las repeticiones, mientras conseguimos calmar su curiosidad por seguirlo; esmerarnos en cubrir equilibradamente el fondo. Si logramos estas dos últimas cosas, conseguiremos una impresión de misterio satisfactoria, que es una característica esencial de todos los artículos ornamentados y que obtenerla en los papeles pintados es tarea del diseñador, pues, como se ha dicho antes, no cae a pliegos, y su material tampoco no tiene ninguna belleza especial que atraiga la vista”.
     La laboriosidad de William Morris le llevaba a implicarse personalmente en todo tipo de trabajos, por lo que era frecuente ver realizar personalmente las tareas de tallar piedra, grabar madera o tejer. Interesantísima imagen representada en mi interior, era yo mismo diseñando y creando, tratando el color, preparando  tintes y tejidos.
    Meses después de esta experiencia con el mundo textil (volvemos a los años ochenta) hice una incursión en el mundo de los tintes y de la estampación en tela siguiendo las líneas orientalistas, este taller dirigido por la granadina Alhambra me fue muy útil y volví a recordar aquellos tiempos el año pasado en el ciclo de arte textil.
     Volviendo a mis días como hacedor de “libros de artista” y pasando por alto mi obra, pues quiero llegar mas lejos, al producto final de estos años, a mi desarrollo como escritor, hecho derivado de esta última faceta creativa de mi vida.
      A partir de la actividad del intercambio internacional de estos objetos, volúmenes o como se les quiera llamar y como forma de pago por tan amable trueque, comencé a crear historias sobre cada uno de ellos, mezclando realidad y fantasía, pero siempre ciñéndome a la pieza recibida, trabajando página por página en alguna de las ocasiones y fantaseando hasta límites insospechados gracias a mis lectores que agradecían cada una de mis palabras.
      Fue muy gratificante esa época, recibía elogios de todas partes del mundo y llegué a tener un puñado de seguidores incondicionales, tal fue así que les propuse un evento, en el cual ellos creaban los libros y yo les ponía el texto. Sólo les pedía el título o una frase con la que yo pudiese sustentar la historia que acompañaría a las páginas ilustradas. Aún sigue vivo el proyecto. El poeta (como ellos me llaman) sigue creando historias para sus creaciones, al igual que Morris, mi personaje polifacético, que cultivó también la literatura, practicó el ensayo y tradujo antiguas leyendas nórdicas. Su obra novelada News from Nowhere (1891) tuvo una gran difusión y es la que mejor resume el pensamiento político y social de su autor.
    En el año 1983 comenzó mi andadura en las artes como educación reglada, me matriculé en un curso monográfico de talla en piedra, estuve unos meses, pero me sirvió para conocer el lugar donde aún sigo después de tantos años y donde he vuelto hasta en tres ocasiones. En aquellos años díscolos de mi juventud conocí a Juan, el maestro de taller que comenzaba su andadura como tal y que ya lleva un año jubilado. Desde ese momento y hasta veinte años después en que estudié cerámica artística y conocí a la escultora Concha aprendí a ver en tres dimensiones, a interactuar con la obra, con la luz, a intimar con la materia y ser capaz de dejarme llevar de la mano de los autores.  Nuevamente me encuentro con él, con William, también le gustaba picar este duro material y dialogar con el.
    Como diseñador y artesano, su obra ejercería gran influencia en el diseño de libros, en el arte de la impresión, en las artes visuales y en el diseño industrial del siglo XIX. Morris diseñó tres tipografías: la Golden Type, inspirada en las romanas venecianas de Nicolas Jenson, y dos góticas, Troy Type y Chaucer Type.
    Las artes del libro siempre me han interesado, sobre todo el grabado calcográfico, así que este fue mi siguiente paso en este maravilloso mundo. Me inscribí en unos talleres de grabado con la famosa artista granadina miembro del grupo “Realejo” Araceli de la Chica y luego con la estampadora Ana Villén, fueron unos maravillosos años, en los que descubrí un mundo muy versátil en el cual me desenvolvía muy bien, doblegando los elementos constructivos a mi placer. Quince años después realicé el ciclo completo de Grabado y Estampación, enterrando desde ese momento mi amor por el aguafuerte.
                                                       



                                                      EPILOGO

       "No quiero el Arte para unos pocos"


    Con esta frase comienzo este final de mi relato, bonita, pero utópica, pues paradójicamente sus productos resultaron asequibles sólo para unos pocos, ya que la artesanía no podía competir con los sistemas de producción industrial, mucho más baratos. Belleza, sociedad y economía debían resolver aún nuevos litigios.
   Como político y pensador tuvo también un sitio en la historia, aunque no fue tan relevante ni viene al caso exponer las mías tampoco.
  
      Ahora bien, desde la perspectiva específica del diseño y de su historia, la modernidad de William Morris, es decir el aspecto más sugerente de su obra, radica precisamente en su manera de enfocar el problema del diseño del producto industrial más allá de la comprensión de las tradiciones artesanales, por lo que, sin embargo, es más conocido.



    1.Ver Some Hints on Pattern-Designing (1881) CW XX11, pp. 176-178. La cita es larga pero divertida: «Take note, too, that in the best art all these and awful things are expressed clear-y and without any V3gueness, with such life and power that they impress the beholder so deeply that he is brought face to face with the very scenes and lives among them for a time; so raising his life above the daily tangle of small things that wearies him, to the level of the heroism which they represent [...] This is the best art [...] yet its very greatness makes it a thing to be handled carefully, for we cannot always he having our emotions deeply stirred that wearies us body and soul; and man, an animal that longs for rest like other animals, defends himself against the weariness by hardening his heart, and refusing to be moved every hour of the day by tragic emotions; nay, even by beauty that claims his attention ove-much [...] Meantime, I cannot allow that it is good for any hour of the day to be wholly stripped of life and beauty; therefore we must provide ourselves with lesser art wich to surround our common workaday or restful times; and for those times, I think, it will be enough for us to do the our daily and domestic walls with ornament that reminds us of the outward face of the earth, of the innocent love of animals, or of man passing his days between work and res as he does. I say, with ornament that reminds us of these things, and sets our minds and memories at work easily cresting them».




jueves, 27 de septiembre de 2012

NEPHILA GIGANTE

    
      Científicos de Estados Unidos y de Eslovenia han descubierto una nueva especie de ‘Nephila’ gigante, una araña tejedora de seda de oro, originaria de África y Madagascar. Esta nueva especie, es la más grande conocida hasta el momento”.
    Son conocidas por ser las arañas tejedoras más grandes, y producen las telas de araña de mayor tamaño, que a menudo superan el metro de diámetro, y su seda se asemeja al oro.
    Era la noticia que había leído esta mañana, aun me daba vueltas a la cabeza cuando llegue a la escuela, en el reloj de la pared marcaba las quince treinta de la tarde, aun estaba intentando hacer mi pesada digestión, sentado frente al telar, urdiendo,( esta vez solo hilos) muy soñoliento, intentaba no bostezar, apenas podía ver entre los lizos la trama, estaba todo tan enmarañado, el suelo lleno de restos de mil batallas de ovillos y madejas, destrozos de uno y otro bando repartidos por toda la estancia. Un poco más allá las guarniciones esperaban el momento justo para atacar asomados discretamente sobre las almenas de las cestas, con sus agujas afiladas y las canillas en ristre. Se notaba la tensión del momento, sabia que todo podía empezar en cualquier momento y no quería perderme el desenlace final.
   Desde mi atalaya podía presenciar perfectamente todo el campo de combate, mi posición dominante de tejedor me hacia parecer una Nephila gigante, con su abdomen hinchado y sus ojos expectantes, atentos a cualquier movimiento de mi red y sus alrededores.
    Tímidamente vi como algunas avanzadillas se posicionaban en lugares estratégicos, cubriendo los flancos del enemigo, ya bostezaba sin timidez, apenas subía la vista para separar la urdimbre y así poder introducir mi canilla y seguir con la sarga que estaba tejiendo.
    Las tropas de este ejercito tan multicolor estaban ya dispuestas para la batalla final, eran formaciones muy estudiadas, pues a vista de pájaro parecían formas muy reconocibles por mi, como pudieran ser unos nudos marineros, incluso una formación en orden de combate se asemejaba muchísimo a un corazón, todo unido por trincheras de hilos de diferente textura y origen, aunque todos vegetales, en el interior de cada estancia de lo puestos ya habían conseguido hacer tramas muy tupidas de fino algodón y grandes manchas marcando los territorios conquistados. Estas se parecían desde lo lejos a trozos de papel artesanal. Se veía precioso, era todo tan armónico que empecé a desperezarme para poder acercarme y leer los estandartes que portaban, en ellos pude distinguir en sus insignias de guerreros frases como: “itinerarios íntimos”, “vuela libre”, singladuras, aire….
   Discretamente me acerque para comprobar que nada se había movido, todo era fruto de mi sopor e imaginación, lo que si me extraño fue un hilo que parecía muy bien atado, tire de el para sacarlo de la cesta y encontré un lindísimo libro, muy blanquito, muy limpio, era como un cuadernito de viaje finamente hilado por manos maestras, manos de mi amiga Mª Antonia Sánchez que desde Marbella me mandaba mensajes de luz, pureza y paz, mucha paz.
    Maravilloso libro sutilmente entrelazado y gran limpieza y pulcritud en su factura. Te felicito amiga por tu buen hacer y cariño con el que me lo has mandado. Espero que te guste y os guste a todos. Un fuerte abrazo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

TÉ NEGRO CON CARDAMOMO




     Me había levantado como siempre a las siete de la mañana, leído la prensa generalista y económica del día, las reseñas más importantes para  hoy, un día después de la nacionalización de YPF.
   Estaba calentando agua en mi tetera para la segunda infusión de la mañana (un litro), este quería tomarlo con cardamomo, me encanta su sabor mezclado con el té negro, potente, sin azúcar, caliente despejante y demoledor para mi estómago. Mientras llegaba a ebullición procedí a poner música, pues ya eran las 8:55 de la mañana y como siempre desde hacia muchos años escuchaba música clásica para animar mi jornada laboral. Es uno de los mejores momentos del día, mi humeante te en la mesa y el mercado a punto de abrir sus puertas, para que los feroces leones puedan saltar a la arena a despedazar a todo cordero que osase pasar junto a ellos.
     Había pasado una mala noche, llevaba ya varias jornadas durmiendo mal, tenía problemas en la escuela, ya no me  interesaba el arte textil según se impartía allí, solo la inercia y el amor propia hacían que día a día pasara unas horas encerrado en el taller, tejiendo para otros algo que ya no me interesaba, roces que producían laceraciones en el alma, punzadas de agujas imaginarias, costuras de hilos invisibles que se rompían, trozos de piel colgando como si fuéramos serpientes en plena muda. Un paisaje desolador para todos. Cadáveres de antiguos alumnos nos hablaban, susurraban sus tristes historias con sonrisas desencajadas que dejaban ver el paso del tiempo entre sus encías, ya solo pendía algún resto de sus antiguos dientes en sus bocas. Parecían animales que hubieran estado enjaulados años entre las paredes de aquel antro antaño florido y bello.
    Ya todo es un antiguo recuerdo, había pasado para mi el tiempo, el hombre mayor de la clase se había convertido en una sombra que arrastraba sus cansados pies entre los telares, ya no creaba, había dejado de sonreír hacia meses, pero seguía en clase día tras día, sin apenas moverse, por supuesto sin preguntar nunca, haciendo lo que buenamente podía y esperando que pasasen los días para poder dejar para siempre el lugar “Zen” como lo definió el maestro de ceremonia el día de la inauguración de la cacería.
     Día tras día amontonaba trabajo, día tras día nos decía que nos resultaría imposible aprobar, día tras día nos infundía miedo. Ya nada importaba en “el reino de lo vertical”. Ya todo estaba muerto y enterrado.
   La música a escuchar estaba preparada para comenzar, era algo de Mozart, magnífico pensé, ya solo falta esperar el toque de la campana virtual de la Bolsa de Madrid para ver los primeros cambios del mercado. En la preapertura se observaba que bajaría algo, pero como siempre el dato era muy sesgado y no me podía fiar de el, hacia muchos meses que el volumen de las transacciones había bajado a la minima expresión, no había profundidad de mercado y solo algunos traders y las mesas de los bancos que movían sus propias acciones hacían acto de presencia en el cruce de ordenes, solo algunas decenas de miles se podían ver en la apertura en el mejor de los casos.
    Junto a mi mesa de trabajo se encuentran CDs antiguos, algunos de programas y aplicaciones obsoletas y uno de música que no puede reconocer el lector MP3 que uso normalmente. Veo que asoma una cajita mas pequeña, mas bien era como si se tratase de un mini CD, eso me extrañó, puesto que nunca he tenido en mis manos uno, así que me apresuré a tomarlo para ver de que se trataba, además algo curioso me llamo la atención, pues colgaba de un hilo una pequeña estampita, parecía que fuera un escapulario, eso ya me parecía mas que imposible. En ese momento recordé a mi tía política Conchita, bonitos recuerdos de ella me acompañan siempre, pues en una caja de costura de lata, negra, con decoraciones chinas del peor gusto que regalaba Cola Cao muchos años atrás había unos pequeños escapularios que llevaba la gente en la guerra (guerra civil española) para protegerse de las balas y su nombre era “detente”. Imposible de los imposibles, eso si que no podía ser, aunque conservo algunas cositas maravillosas de esa caja nunca quise una pequeña estampita de aquellas.
      Ya sin mas dilación y con esa cajita en mis manos pude ver que lo que colgaba nada tenia que ver con santos ni vírgenes, era mas mundano era el cartoncito de un paquetito de té que nunca había visto, La Virginia se llamaba, letras blancas sobre fondo rojo y una pequeña coronita sobre la “V”, en la parte trasera estaba la leyenda, muy bonita, en esta y decía: té con sabor FRUTILLA. Que simpático pensé, yo que tomaba esa infusión desde hacia muchísimos años no conocía esa forma tan bonita de tomarlo.
    Al abrir el estuche ya encontré la respuesta al enigma, era música si, pero música escrita, estaba en papel pautado sobre fondo negro, era una gran mancha redonda donde descansaban las notas musicales, las cuales suavemente entonaban una melodía, nunca fui capaz de aprender música y por eso me la habían traducido, aquello era” un plato lleno de semillas oscuras”. Me encontraba frente a una poesía visual, era un librito hábilmente realizado para que lo encontrara entre mis cosas, entre mis libros. Esta preciosidad portaba en su interior el alma de Marcela Peral que desde Argentina y en forma de collage, me dejaba un poema de Hugo Padeletti. Desde Rosario y con un mensaje de PAZ viajo por medio mundo para dejarse caer en mis manos y poder descansar para siempre.  Este ejemplar que toco y huelo me hace sentir de cerca su aura.  
         Maravillosa obra de nuestra amiga que guardare con mucha dulzura junto al resto de sus pequeños compañeros.