domingo, 30 de junio de 2013

EL AZAHAR EN CORDOBA









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     Cierra los ojos y abre un frasco de esencia de azahar, ya estas en disposición de recorrer un viaje en el tiempo, aléjate cuanto necesites en la distancia y sueña, revive la niñez y sonríe, que el paseo va a comenzar y todo esta preparado para que la regresión sea placentera y te invada una inmensa felicidad propia de los bebés.
     Comienzo yo relatando la mía, vuelvo atrás en el tiempo treinta y cinco años, cuando tenía dieciocho, me encuentro en una ciudad nueva para mí, iba flanqueado por mis amigos Eduardo Lama y Antonio Ruiz y me enseñaban su ciudad natal, era una florida primavera y percibía algo nuevo en mi vida, pues me encontraba con un  fuerte y penetrante perfume algo dulzón, esta fragancia que para siempre me recordaría a la bella y sultana Córdoba, lugar por donde hoy paseo nuevamente para reencontrarme con mi pasado, aunque esta vez acompañado por mi amada y bella esposa, cogidos de nuestras sudorosas manos paseábamos por sus calles y jardines por la calurosa y embrujada ciudad.
     Los naranjos no estaban en flor, y a mis amigos no los vi, cambiaron sus carreras y sus vidas, como también lo hiciera yo, ya nada era igual, aunque lo único diferente era yo mismo, el tiempo no había cambiado la ciudad, pero si a mí. Un hombre mayor  deambulaba por enésima vez por otra desértica calle, su pesado y lento paso se dejaba ver por las estrechas costanillas, sobre su pulida cabeza reverberaba el sol del medio día, haciendo imposible ver nítidamente su redonda cara, y su peso le hacía imposible andar sin jadear, faltándole el aliento a cada paso que daba, tambaleándose sobre los adoquinados callejones, allí esta Juan nuevamente, aunque un tanto indolente y sin la curiosidad propia de la juventud, no esperaba nada nuevo, nada que revolviera mis entrañas, ni que evocara mi perdida fantasía.
     Calle tras calle pasaban ante mí, pues su paso era mas rápido que el mío, apenas si miraba a mi alrededor, sólo me asomaba a ver algún patio desde fuera y poco más, hasta que sucedió el milagro, en un recodo, en un atajo, o puede que en un despiste propio de mi desidia, tropiezo con algo fuera de lo común, algo que no pertenecía al entorno, me encontraba junto a una diacronía indescriptible, algo o alguien lo había puesto allí e incomprensiblemente yo lo encontré, no pude ni pestañear, no se como explicar aquel fenómeno que se desarrollaba justo en frente de mí, aquello me dejó desarmado, indefenso, no lograba articular ningún sonido inteligible, tampoco pude apartar mi mirada y desde lo mas profundo de mi ser me estremecí, nunca pude imaginar que mi paseo pudiera terminar así, pues me encontraba en el año 974 sin haberme movido un milímetro, sin que hubiera pasado un sólo segundo, estaba en la callejuela de Los Arquillos, en la confluencia de la calle Cabezas, nombre este último que evoca el origen de la vía y que una antigua leyenda medieval, transmitida por juglares castellanos contaba.
     Agarrado a la puerta de hierro forjado y oxidado me quedé maravillado, estaba asombrado, aturdido, era un lugar fuera de lo común, esta calle que ostenta descarnados muros de ladrillo y un escalonado pavimento empedrado, y haciendo honor a su topónimo, la cruzan transversalmente unos arquillos que acentúan la perspectiva de profundidad. En este lugar anida uno de los muchos mitos históricos que la ciudad alumbra, y de la que proporciona pista la lápida que figura al exterior: “Dos insignes historiadores cordobeses, Aben Hayan, Ambrosio de Morales, y un cantar de gesta castellano nos dicen que en el año 974 en esta casa estuvo preso el señor de Salas Gonzalo Gustioz y que las cabezas de sus hijos los siete infantes de Lara, muertos en los campos de Soria, fueron expuestas sobre estos arcos. Verdad y leyenda venerable, de fama multisecular en toda España”. Esto esta escrito sobre un azulejo, e incomprensiblemente en ingles. El viaje a la Córdoba bajomedieval me dejará una huella indeleble, haciéndome recapacitar sobre mi visita y su significado.
     Conozco también estos días a un artista, la obra de un pintor cordobés, Pepe Duarte, él vuelve a llevarme por un recorrido esplendido por el tiempo, la exposición me muestra el camino que ha seguido a lo largo de su vida, su maravillosa geometría me enseña a limitar los planos en cada obra. Maravilloso y extremadamente pulcro dibujante consigue pintar con colores, sin líneas, su paleta me acerca a los maestros, no en vano es maestro de maestros. Con él pude deleitarme rememorando y recordando a admirados creadores de los últimos tiempos, porque José lleva el germen de todos ellos en sus telas y en sus policromas tablas. Pero una parte importante de lo expuesto representa la España humilde, la de posguerra, la mísera, esa que nos han contado. La retrata maravillosamente, sin tapujos, cruda y desnuda. Disfruté muchísimo con su trabajo y del hallazgo tan importante que hice.
     Días después y ya con todo asentado me doy cuenta que esta regresión no viene sola, la vida gira sobre sí misma, las olas al romper nos devuelven parte de lo que se llevaron y así todo transcurre como es el caso en que me he encontrado al llegar a mi casa, a Granada, me doy cuenta que debo de volver a mi rutina, al trabajo, seguir estudiando, y sobre todo intentar crear para sentirme vivo nuevamente.
     Tengo una amiga cordobesa, una artista con la que compartí un curso y con la que mantengo un bonito y fructuoso vínculo epistolar, ella se llama Ana Isabel Sevillano, y que al saber que estaba en su amada ciudad me escribe: …“Estoy deseando poder leer el fragmento de Córdoba. Espero que te esté gustando mi tierra, no se qué es lo que tiene, pero si paseas por sus calles te llenan de energía y alegría, el olor es diferente te sientes parte de la misma tierra, creando un vínculo maternal que no se puede explicar…”. No soy el único que huele la ciudad y oye su música, esta sensible y joven mujer siempre me enseña algo, y en esta ocasión ha sido mucho. Pero no sólo ella me lleva por nuevos mundos, pues he recibido un libro procedente de Argentina, Santina Francisca Barbera, que sin saberlo cierra otro círculo, otra vuelta de la espiral, me manda un haiku de Matsuo Bashō que dice:

                                                          No sigan las huellas
                                                        de antiguos, busquen
                                                        lo que ellos buscaron
    
     Importante cita de este poeta del periodo Edo, sobre todo en este momento en que me encuentro, después de mi regreso del pasado y cuando curso estudios de caligrafía Shodo y pintura Sumi. Así termina otro viaje, otra fantasía, y en definitiva otro capítulo de la vida.
    
 







viernes, 28 de junio de 2013

AS DE GUIA




                                        




     Cuatro años atrás había dejado el puerto, la partida fue de noche y nadie estaba en el muelle despidiéndose, la dársena estaba maloliente, pues las redes allí depositadas sin  tan siquiera haberlas desenredado estaban en avanzado estado de descomposición, aún se movían algunos peces atrapados allí de las capturas y descartes del día anterior, casi se podían escuchar los lamentos, los gritos y sollozos de los moribundos animales, el nauseabundo hedor me mantenía semialetargado y mi corazón latía rápido y poco acompasado -ya no era joven- necesitaba  partir rápidamente, antes de que comenzara a desperezarse el día, necesitaba no ser visto ni oído, pues mi desaparición debía de pasar desapercibida, como lo fue mi llegada. Un día estaba allí tirado sobre unas viejas tablas de un abandonado barco, bajo un toldo improvisado con unas viejas velas de un abandonado velero. Nadie supo nunca cuanto tiempo llevaba allí semidormido, casi desnudo y sucio, siempre con la mirada perdida en el horizonte y la cabeza y mente perdida en sabe Dios que cosas.
     El mar estaba calmo, sólo una suave brisa matinal me mantenía fresco, pero húmedo, siempre mojado y con ese olor a muerto que me acompañaba habitualmente desde hacía tiempo atrás. El sol se elevaba suavemente para volver a destrozar mis dañadas retinas, los días sucedían a las noches sin  hacerme reaccionar, mis movimientos se habían vuelto mecánicos, apenas necesitaba pensar para sobrevivir, pescaba al amanecer, y comía lo capturado cuando el sol estaba en su cenit, volvía a recolectar algo al atardecer para devorarlo sin mucho miramiento ni pudor con las últimas luces de la tarde.
     Dormía, comía y poco más, ya apenas ni reflexionaba sobre mi vida ni esperaba nada, sólo el retraso de un nuevo día me inquietaba, el siguiente amanecer podría ser el último, la próxima comida se me antojaba distinta e insípida, ese momento en que nunca más sentiría el placer de la incertidumbre, podría estar detrás de la siguiente ola, o quizá un poco más lejos, justo en el lugar donde se unen cielo y mar, en esa fina y difuminada línea que ya apenas llegaba a distinguir, pues mis hundidos ojos estaban llenos de larvas de algún microscópico animal que nunca debió llegar allí, y que disfrutaba del húmedo y caliente clima que encontró en mi globo ocular.
     Con mis agrietados labios y sin apenas ver ya no comía apenas y sólo bebía el agua que recogía del rocío de la mañana, sorviendo y chupando las mugrientas telas que ponía en la cubierta de mi paquebote, ese que antaño fuera un gran navío y del que sólo queda el recuerdo en alguna vieja postal que nunca llegó a su destinatario, y algunas letras de su nombre en su gastado «trawler».
     No siempre fue así mi larga travesía en estos cuatro años, hubo un tiempo en que los camarotes estuvieron llenos de gente, amigos, pero sobre todo pasajeros de los que casi ni recuerdo sus caras, llegaban de todas las ciudades del mundo, buscaban las libertad que proporcionaba el mar, el poder navegar por todas las costas descritas en mi libros y así sentir ese viento que tantas veces  quemó mi maltrecha cara, llegando a desfigurármela de por vida. Nunca supe como llegó mi cuaderno de bitácora a manos de algún librero, que malinterpretándolo, pensó que era un libro de aventuras y que podía editarse.
    Comencé a escribir una tarde de primavera, ya casi entrado el verano, y lo hice para tomar partido por una causa justa a la que quise poner voz, y ahora me veo en la necesidad de cerrar y firmar la obra, esta que quedaría inconclusa sin narrar las vicisitudes que acarrearon mi desafortunado quijotismo. Después de luchar contra vientos y mareas, con tempestades y huracanes y con la tranquilidad del deber cumplido, me quedaría la sensación de la inutilidad de todo lo viajado, si no fuera por los recuerdos acumulados en estas páginas, donde narro todas mis peripecias y desencuentros con el mundo, apoyado en mis amigos y mi propia esposa que ha viajado a mi lado en casi todas las ocasiones y me ayuda a empaquetar este volumen, enterrando mis propias vergüenzas.
    El día que estoy terminando de relatar mi último viaje, o mejor dicho la tarde, es un verano cualquiera de Sevilla, allí he desembarcado por última vez, en el río Guadalquivir que me viera nacer, aunque kilómetros mas arriba y llamándose  Geníl. Estoy junto al puente de Triana intentando ordenar todas las mojadas e ilegibles páginas que amontono en una vieja y oxidada lata de conservas. Sólo me queda recuperar algunas cosas que se me han caído al río al desembarcar, pues mis cansados músculos apenas si me mantienen en pie, y mis viejas articulaciones no me dejan controlar mis torpes movimientos, ni tan siquiera lo que fuera una fuerte musculatura era capaz de mantener mi torcida columna derecha, este viejo marinero abandona el barco y hace un nudo con una soga, el «As de guía» para atrapar los enseres caídos al sucio río.
     Utilizo este lazo porque se trata del único nudo corredizo utilizado por los marineros; se usa en maniobras de aparejos y para recoger objetos flotantes que puedan haber caído por la borda, también hay quien lo denomina ahorcaperros, pero a mi no me gusta llamarlo así por razones obvias. Ya con él en mis manos pesco el resto de mi valiosa mercancía y la deposito en los estantes de mi carruaje, hecho con las cuadernas de mi desvencijado barco, haciendo desaparecer todo resto de mi viaje. Vagaré hacia algún lugar remoto para recomponer los pedazos que han sobrevivido y que lleguen a vuestras manos de una manera limpia y ordenada.
     En el camino de regreso, y recapitulando los contenidos que quedarán plasmados en mi ópera prima, pienso en cómo debió de ocurrir todo, recuerdo a todos los que cayeron al mar en los días de tormenta y nunca más volverán, familia y familia de compañeros fallecieron en la travesía, otros abandonaron el barco sin despedirse, sin mirar atrás, sin agradecer el paseo y ni tan siquiera pagar el pasaje. Evoco algunos personajes que viajaron en clase superior, otros fueron polizones o truhanes, pero finalmente todas se fueron yendo dejándome en la más absoluta de las soledades. Bueno... tampoco puedo ni debo decir eso, un pequeño ramillete de joyas aun conservo y espero poder lucirlas el tiempo que me quede que navegar si algún día partimos hacía nuevas aventuras auspiciadas por libros e historias que van llegando a mis manos.
     Los bultos recogidos del río ya están secos unos días después y decido abrirlos y ver el estado de su contenido, me encuentro que hay unos amarillentos papeles en los que hablo del «Jorobado de Notre Dam», recuerdos me asaltan dejándome muy aturdido, pues se acerca el momento de poner la palabra Fin a mi lucha. Manuel Fernández Magán paseaba cuatro años después por el bulevar de la avenida Calvo Sotelo de Granada, ya no estaba jorobado y se le veía feliz y recién afeitado, el día anterior había acabado su penúltima lucha como miembro del tribunal del módulo de grabado, comentamos lo extraño de encontrarnos en ese lugar tan alejado de los sitios que solíamos frecuentar. Le confieso que busco unas revistas que me había encargado una amiga Mejicana y que debía mandárselas a su país, y así quedó todo, despidiéndonos cordialmente como siempre.
     De vuelta a mi casa, nos encontramos nuevamente y me pide que le enseñe el artículo de nuestra amiga común Gabriela Sodi Miranda, él la conoce antes que yo, pues pertenece a «libro de artista», y así le descubrí mi secreto, pues ya sólo quedaba escribir el final que él mismo me estaba brindando en ese instante. Le comento que estaba transcribiendo un libro y que ella era la autora del prólogo, que faltaba poco para que todo estuviera concluido, y que cuando esto ocurriera, se lo mostraría, a lo que me contestó -  Tu escrito aún sigue donde lo pusiste, nadie lo ha quitado-. Después de tanto tiempo, el taller de grabado sigue con ese texto con el que empezó este, y el «As de guia corredizo» ha hecho que quedaran unidas para siempre todas las historias acaecidas en los largos viajes que me ha brindado la vida y las que han llegado a mis manos en forma de libros escritos con amor y arte.
     Finalmente el fundido en negro con que termino procede de la tinta sumi con la que ahora escribo y el río por donde bogo no es más que una pesada piedra llamada suzuri y que posee ese hueco por donde navego en los últimos tiempos.

martes, 11 de junio de 2013

THALICOS Y DIAGUITAS




 Sobre-cito

    




      Se podía leer esta mañana en el periódico Ideal, de mi región:

     “El equipo de la serie de TVE 'Isabel' inicia este martes en Granada el rodaje de las últimas escenas de la segunda temporada y lo hará en algunos de los entornos originales donde se desarrollaron los hechos históricos que se narran, como la entrada triunfal de los Reyes Católicos en la Alhambra, que abrirá el afamado Patio de los Leones a este proyecto audiovisual, o la expulsión de los judíos desde el tradicional barrio del Albaicín.
     Una de las escenas más complicadas se desarrollará en la Carrera del Darro, en la zona baja del barrio del Albaicín, situado a los pies de la Alhambra, donde un equipo de 50 figurantes con carros y sus enseres recreará la expulsión de los judíos.
     Todo el entorno urbano objeto de grabación será decorado y las zonas afectadas serán cortadas al tráfico para facilitar el rodaje”.


     Mal empezaba la jornada, pues llevo unos meses dibujando del natural en esa zona, tan significativa para mí, y que tantas veces he recorrido, dos días enteros que no podría ver la Alhambra desde tan privilegiado lugar, ni comentar mis avances en el boceto con los viandantes, así que solo me quedaba seguir practicando con mi espada de samurai para que el próximo día mi sensei pueda sentirse orgullosa de mis adelantos. Seguía cortando negro bambú de la jungla con mi afilado acero, cercenando y amputando extremidades para conseguir esos ansiados huesos que necesitaba para apilarlos todos juntos en enormes cajas blancas. Era el trabajo encomendado para mi primera semana de entrenamiento en tan noble arte. Además, me había mandado una carta para animarme a conseguir los difíciles y negros objetivos.
     “Estás hecho un "Thalico”, el arquetipo de los artistas sobretodo es el del guerrero, recuerda que tu también lo tienes.”Estas fueron sus palabras, ella cuyo nombre es Kanthaka y que proviene de una leyenda budista en la que significa caballo ágil, musculoso y leal, me dejaba esa nota, y yo proseguía día a día a cortar,  amontonar y guardar todo lo ordenado, además ahora tenía más espacio para conseguirlo en el tiempo ordenado.
     No soy persona de ir mucho al cine, pues me pierdo en mis divagaciones, apenas si escucho a los personajes y sólo presto atención al conjunto de imágenes que van pasando por la pantalla, a su orden y composición, pero hay una frase en una película estadounidense de 1994, protagonizada por Tom Hanks, y llamada Forrest Gump, que dice algo muy interesante, aunque en un principio pueda parecer banal: "Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar."
     Curiosamente es así, la vida puede cambiarte en cualquier momento, puede regalarte instantes inolvidables, para luego arrebatártelos de un plumazo, aunque en esta ocasión no fue así, porque en mi búsqueda de la paz interior, y con el fude en la mano, encuentro en mi casa un guerrero, además curiosamente se llama Juan, como yo, o quizá que solo este puesto para saber quien es el destinatario, pero lo cierto es que está aquí junto a mí, mientras escribo, él me mira extrañado, pues vivió en otro tiempo, en otra dimensión, él es un Diaguita. Su nombre, que quiere decir "serrano" y fue impuesto por los incas y tomado luego por los españoles, llamándosele así al un conjunto de poblaciones unidas por una lengua común, el kakán.
     La historia de este pueblo en el actual territorio del noroeste de Argentina puede cifrarse a partir del siglo V cuando se ubicaron los primeros grupos del tipo agricultor y alfarero, que con el transcurso de los siglos, fue desarrollando esa cultura.
     Los españoles comenzaron a llegar desde Perú, a partir de 1550 buscando asegurar la comunicación con los Andes centrales. El pueblo diaguita que era guerrero, y opuso una feroz resistencia en la que participó la comunidad entera. Las "Guerras Calchaquíes" se extendieron por más de un siglo.
     Este guerrero, mi luchador amigo me ha llegado desde Buenos Aires, de la mano de una joven artista llamada Patricia Herbon, y me recuerda que la felicidad está en las cosas pequeñas, en el intercambio y por supuesto en el arte, ese que tanto nos da…
     Mi amigo que ha arribado después de un largo viaje, ese ser que no esperaba y que viene a regalarme unas horas de alegría en mi lucha, estaba plácidamente dormido en una hermosa caja de cartón artesanal, finamente envuelta con hilos de seda y su posición era un tanto extraña, pues tuve que desperezarlo suavemente,  comprobando que estaba plegado como un origami japonés, y sobre su oriental semblante portaba un hermoso penacho de plumas, sus brazos desplegados daban la sensación de querer volar, de intentar abrazarme para infundirme su milenaria sabiduría. Junto a él había una carta destinada a mí, en la que pude leer:

      “UN SUEÑO DE LUZ
     COMO UN AMANECER
     NO PASARÁ AL OLVIDO…

     Esta historia inspirada en un libro de artista, me ha hecho recordar que la vida es sólo un instante y debemos aprovechar cada minuto de ella.
    
    
    

sábado, 8 de junio de 2013

TINTA SUMI



                                                    
Sobrecitos / Enredadas 2013



     La carga que soportaba era cada vez mayor, el peso sobre mis hombros me desgajaba el alma, la dificultad por esconder a mi amante me hacía perder el contacto con la realidad, habían pasado más de seis meses desde que comenzamos nuestra  convulsa relación, primero fue tímidamente, apenas unos esbozos, unos escarceos, pero ya que todo terminaba, me di cuenta de mi error, el fin estaba cerca y los dos lo sabíamos, dejamos que pasaran esas últimas horas cogidos de las manos y en silencio.
     La pasión no siempre fue la misma, hubo momentos que tuve que emplear la violencia, hube de doblegar su resistencia, su espíritu, era ella como el hierro, dura, su fría mirada me rompía las entrañas, pero cuando me abrazaba me sentía vivo, hacía que me encendiera como una hoguera, llegó a quemarme la ropa, mi bata ardía, tuve que quitarme la camisa para no arder yo con ella. Era pura llama su ardor, tenía que tocarla con guantes, que rápidamente incineraba llenando de ampollas mis dedos.
     Dos días han pasado desde aquella última tarde, de nuestra ruptura, algo más repuesto del fatal desenlace  me matriculé en un curso de caligrafía Shodo y pintura Sumi-e, necesitaba llenar el vacío que ella había dejado en mi vida, aún conservo las cicatrices en mis dedos, último recuerdo de la dura dama de hierro que forjé en el taller de mi escuela.
     Terminado el curso, el casco steampunk con su daga, esa amante fiel que me acompañó durante el duro invierno, comienzo el aprendizaje del noble y milenario arte oriental, ya todo es sosiego y paz, la luz tenue y la música también, la paz lo inunda todo y el aroma del té llena la estancia como una espesa bruma.
     Rasco la tinta Sumi sobre la piedra Suzuri, suavemente, sin prisa, pues forma parte de la relajación inicial antes de comenzar a deslizar el fude sobre el fino papel, mi profesora Carmen Moreno lleva mi mano sobre el papel, siento el poder de su brazo en mis dedos y así comenzó mi primer día como estudiante de escritura y pintura oriental, ya lejos de los ruidos de los martillos golpeando contra los duros yunques y buscando la paz interior.
      El artista de Sumi-e utiliza sólo tinta negra, presentada en barritas sólidas, que se frotan sobre una piedra plana, mientras se va mezclando agua, hasta obtener la intensidad deseada. Estas barritas son un compuesto de carbón de leña. El arte de esta pintura apunta a captar la esencia del objeto, más que su apariencia, para pintar con el lenguaje del espíritu. No hay arte sin paciencia, porque únicamente  con autodisciplina y concentración se podrá lograr  equilibrio, ritmo y armonía de la composición. Pero no sólo en Oriente se molía el pigmento para lograr la tinta y así plasmar su vida y  su cultura, este pueblo entre otros fue el  Tlacuilo, que significa “que labra la piedra o la madera” y que más tarde pasó a designar a lo que hoy llamamos escriba, pintor, escritor o sabio.
     Estos hombres pintaban los códices y los murales en Mesoamérica. Conocían las diversas formas de representación, así como la mitología. Llevaban registros de la diversidad biológica. Podían trabajar en mercados y templos, según el tipo de actividad para la que se les necesitaran. Después de la conquista española, un grupo de indígenas registró en escritura latina la información de varios códices y anales históricos aztecas. En el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, 1 al tlahcuilo se le define así:

          Tlahcuilo: el pintor

     El pintor: la tinta negra y roja, artista, creador de cosas con el agua negra.
     Diseña las cosas con el carbón, las dibuja, prepara el color negro, lo muele, lo aplica.
     El buen pintor: entendido, Dios en su corazón, diviniza con su corazón a las cosas, dialoga con su propio corazón…


     De regreso a mi casa portando el fude a modo de estandarte, la tinta y la piedra en otra, con mi semblante feliz y preparado para acometer la difícil tarea de aprender a hacer el “hueso” y el “bambú”, me encuentro un bonito sobre conteniendo el arte de los Tlacuilos, este me había llegado desde Buenos Aires, una artista amiga mía, Raquel Herbon me había obsequiado con su maravillosa creación sobre este pueblo, esta obra realizada en papel artesanal bellamente ensamblada con un cordel rojo y pintada con el mismo color que hiciera su pueblo nos recuerda la importancia de este maravilloso y milenario arte:
     EL LIBRO
     LA ESCRITURA
     EN EL ES VISTO
     EL AMANECER
     Y EL RESPLANDOR
     DE UN PUEBLO
      
     Aquí termina mi curso de forja y comienza mi nueva andadura por otros maravillosos y apasionantes mundos.

lunes, 20 de mayo de 2013

CASCO STEAMPUNK

  

    Casco Steampunk "Art trouvé". Todos los materiales son de desecho, la chapa que compone el casco la realicé batiéndola con martillo en el tas, los tubos, son muelles de acero, a los que les puse terminaciones en latón y forrados de piel de ternero tintada a mano y engrasada. El visor del ojo, es una lente láser recuperada en un contenedor. El cuchillo artesanal, si fue comprado en la octava avenida de Manhattan, en el año 1992, siendo su funda en piel y con un agarre para la bota.
   El proceso comienza con unos bocetos de los cuales parte el desarrollo de la obra final. Todas las piezas están soldadas con autógena, eléctrica de electrodos y soldadura de argón (aprendí las tres haciendo el trabajo). La única pieza atornillada es la del visor láser, que al poseer un maravilloso tirafondo de acero, y para dar la sensación de que este pudiera moverse, me atreví a dejarlo así.
   La terminación la realicé pavonando la pieza con aceite y quemándola posteriormente. Sus medidas máximas son 34cm. x 30 cm., y en la parte trasera posee la numeración 1 en porcelana blanca sobre chapa que perteneció a un reloj roto encontrado en el puerto de Fuengirola (Málaga España). Está firmado y datado como "juanas 2013" con un percutor eléctrico.














martes, 14 de mayo de 2013

ANA Y SU OBRA



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                     La bajada del telón se hizo sin mucho estruendo, no hubo ovaciones ni aplausos, esta ópera -como todas- pertenece a un género de música teatral en el que una acción escénica es armonizada, cantada y tiene acompañamiento instrumental, pero tiene la particularidad de estar representada en los sótanos del castillo, de esa madriguera medieval y tétrica por la que arrastro mi indignidad en las tardes de hastío.
     Aún lucía el sol primaveral de Mayo, pero la luz no llegaba a iluminar los altares por donde pasaría yo. Esas hornacinas cubiertas de telarañas apenas dejaban entrever las últimas creaciones de los siervos, pues los miserables amos corroídos por la envidia y lacerados por el pestilente olor que desprendían sus almas las mantenían semiocultas tras sus preciosos anuncios de edenes y jardines multicolores. Estaban tras las falsas promesas de felicidad eterna en otra vida mejor tras los altos muros de piedra, en lo alto del torreón.
     Mis ojos cegados por las luces de neón de la engañosa publicidad no me dejaron ver la obra de mi amiga Ana, ella que logró engañar a la malvada bruja Maléfica colocándole en sus propias narices el duro y triste retrato de la vida entre las paredes del infierno. “Al hilo del arte, hilamos fino”, ese es el eslogan elegido para conseguir nuevas almas y que abruptamente colocaron sobre el diseño de esta joven artista cordobesa a la que tanto admiro.
     Tres caras iluminan la entrada de la escuela, tres semblantes textiles que me acompañaran en los últimos días de clase, cada rostro me recordará su interrogante mirada, su deseo de conocimiento, y por supuesto sus ganas de escapar.





sábado, 20 de abril de 2013

Alhambra (libro de artista)








                              Alhambra invertida
A                                Alhambra vertical
A                                Alhambra roja
A                                Alhambra ocre
J                                 Joya de rubíes
R                               Rodeada de verdes gemas,
                                 De vivas esmeraldas.
                                                                 Juanas 2013
           Libro de artista para intercambio internacional. Xilografía en madera de pino, estampada con      cuchara en óleo ocre.









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Li

 

miércoles, 3 de abril de 2013

LIBÉLULA DE MUERTE



                                           




     Existieron varias comunidades indígenas, que al estar culturalmente cercanas unas de otras, pues habitaban el este de Arizona, noroeste de México, nuevo México, y regiones de Texas y de las Grandes Llanuras, se les denominó de igual manera a todos sus habitantes. Estos eran nómadas, se caracterizaron por su ferocidad y por una fuerte resistencia cultural como grupo. Eran grandes exploradores y conocían perfectamente su vasto territorio, el cual siempre defendieron tenazmente. Eran cazadores y recolectores de productos silvestres, se convirtieron en invasores de tierras pastoriles y agrícolas de otros grupos, hacían trueque y practicaban el pillaje para subsistir.
     Su religión no estaba fuertemente estructurada, y la vida religiosa la dirigían chamanes. Nunca tuvieron una creencia organizada en el más allá, lo prioritario para ellos era la supervivencia, de ahí la importancia de los ritos curativos y la ausencia de una extensa teología, realizaban ritos relacionados con el ciclo de la vida, entre los que se incluía los primeros pasos de un niño y sobre todo la ceremonia de la pubertad.
     Mirando el diccionario veo que hay una entrada muy interesante sobre el nombre de estas tribus, de las que se tiene constancia desde el año 1540 y que habían emigrado desde Canadá, desconociéndose los motivos.Transcribo lo encontrado - Malhechor de los bajos fondos de París- esto es lo que me ha interesado, lo que me ha llevado a escribir este relato basado en un hecho real, en la historia de nuestros antepasados, esa que está escrita con sangre y fuego, con terror y muerte y de la que nadie debiera sentirse orgulloso.
     Después de una mala noche suele nacer un peor día, como es el caso de hoy, las bajas presiones se han instalado para quedarse en  mi cabeza dejándome sin fuerza para escribir, apenas me dejo llevar por el sonido del “clave” que suena y repiquetea en mi mollera, así que no soy responsable del desaguisado que estoy a punto de cometer en este rosario de palabras inconexas.
     Ya en la cama, esta mañana esbozaba la idea, enlazaba cosas inconexas –como siempre- pero me resultaba chocante lo que pensaba, un sin sentido una vez más, no lograba hilar ni tejer una maraña que fuese entendible ni por mí mismo, era una suerte de majaderías, todas en formación militar y muy bien ataviadas, pero nada homogéneas, con lo cual era desastroso el resultado final de mis pensamientos. Con eso no podría montar un argumento capaz de convencerme a mí mismo y así encaminarme a trabajar normalmente, sin que las angustiosas nubes desbarataran otro aciago día.
     A raíz de que estos pueblos fueron aniquilados, se puso su nombre a un animal, ya nadie podría  sentirse herido, pues nadie había, este curioso bicho, puede alcanzar una velocidad máxima de 320 Km. por hora y tiene una autonomía de vuelo de 1.800 Km.
     Su  morfología aún siendo un tanto extraña, es muy versátil, ya que su vida gira en territorios muy hostiles, en los cuales tiene que intentar sobrevivir. Este iletrado puede volar en condiciones climáticas adversas, tanto de día como de noche, usando  aviónicas y electrónicas de última generación, como el sistema de adquisición y designación del objetivo, el sensor de visión nocturna del piloto (TADS/PNVS), las contramedidas infrarrojas pasivas, sistema de posicionamiento global (GPS) y el sistema de visualización de pantalla integrado en casco. Posee asientos blindados y fabricados de kevlar ligero por si tenemos la necesidad de hacer un viaje con él para comprender su forma de vida. Los ojos los protege por medio de unas gafas con cristales PPG, que están diseñadas para proporcionar un campo de visión óptimo.
      Tiene dos estructuras alares en los laterales, cada una con dos pilones articulados inferiores y un punto de anclaje en el extremo. Con todo esto podemos ver que nuestro animalario queda completo, bien podría tratarse de una gran fiera antediluviana, pues sus medidas son de dieciocho metros de longitud y diecisiete metros de envergadura con sus alas desplegadas, cosa que sólo hace cuando vuela, además si no es suficiente su tamaño para amedrentarnos posee diversas formas de defensa y ataque, con su peso podría aplastarnos, pues con sus 5.165 Kg. y su altura de casi cuatro metros le resultaría facilísimo laminarnos a nosotros y a la gran mayoría de los animales presentes en nuestro mundo.
     Pero, la pregunta no tiene respuesta para mí, porque no entiendo como le han puesto a esta bestia el mismo nombre que a un pueblo  que ya desde 1540, los primeros exploradores españoles de las tierras norteñas de la Nueva España emprendieron una larga lucha contra ellos. En 1598, Juan de Oñate, al tomar posesión de las tierras de Nuevo México, mandó dividir sus poblaciones para reducirlos, pero el esfuerzo fue en vano, ellos y otras tribus indígenas no se dejaron someter y decidieron quemar y destruir muchas poblaciones españolas de los territorios norteños de la Nueva España.
     En 1825, el gobierno mexicano inicia un segundo periodo para pacificar a los apaches y unificarlos en poblaciones unidas, el cual fue un gran fracaso para los intermediarios mexicanos. Con el tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, firmado por México y Estados Unidos, el territorio de los indígenas quedó dividido entre EE.UU. y México, provocando la dispersión del grupo y grandes descontentos contra ambos gobiernos. Las tribus se dispersaron por las tierras de Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Zacatecas.
     En 1928 el gobierno de México declara oficialmente extinta la etnia en territorio mexicano y las 3000 personas que sobrevivieron en tierra estadounidense fueron sometidas finalmente en reservas de los estados de Arizona, Nuevo México y Oklahoma.
     Debe notarse la lógica diferencia entre la narración de los mismos hechos desde los tres puntos de vista diferentes, estadounidense, mexicano y de los propios defenestrados. Al analizar las crónicas de la época se debe tomar en cuenta las motivaciones y justificaciones de cada punto de vista pues todas son muy parciales.
     Sin pararme a analizar ni a posicionarme en la historia ni sus crímenes sólo me queda preguntarme si realmente hemos aprendido algo, pues volvemos a tropezar una y otra vez en la misma piedra, todo sigue igual, nos matamos y nos aniquilamos sigue sin importarnos que todos somos iguales y hechos del mismo material y que no nos diferencia ni la cuna ni el lugar donde hemos nacido, pues todo es circunstancial.
      Pienso y me entristezco pensando en la historia y sus brutales consecuencias, porque nuevamente los “apaches” son fuertes guerreros…

lunes, 1 de abril de 2013

EL FUDE

Libro de mi amigo ...






       El Fude da vida al monstruo, lo recrea a su imagen y semejanza, retorciendo el trazo como si de un viejo sauce se tratase.
       El físico griego Hipócrates recetaba remedios con hojas de sauce para aliviar problemas relacionados con el dolor, ese dolor que refleja la caligrafía rota que veo en la obra de un autor que sufre, que reniega de todo lo vivido y que quiere volver a reinventarse, de envolverlo todo en el halo de la muerte para esperar el nuevo renacer, el nuevo mundo y con ello romper con el dolor que le angustia y oprime hasta la extenuación.
      ¿Como reconocer la derrota y la posterior muerte? ¿donde comenzó todo?, pero sobre todo ¿porqué volver a empezar?, ¿como componer? –No quiero luchar para nuevamente  perderlo todo- nos dice su obra, su llanto ahogado plagado de roja sangre.
  El poder de la magia se ha esfumado, espero triste y solo en un rincón un nuevo amanecer, quizás la primavera me revele el secreto de las flores…

viernes, 29 de marzo de 2013

MIGRACIONES



 
               Ya tengo otra migración en mis manos, Nicolás Ramajo me lo
ha mandado. No es un libro, no es un mapa, no es un objeto.
Es un compendio de magia, introducida a golpe de viajes en
el alma de mi amigo, y el que guarda restos de naufragios,
me ha mandado un plano del Autobús de Banlieue, lo ha
rellenado de vivencias, ha escrito para recordar las
paradas en el tiempo con lápiz, emborronado por los golpes
de baches y vecinos empujando. Anotadas todas y cada una de
las horas que perdió, de lo autobuses que pasaron y que no
cogió.
   Dentro de estos recuerdos del año1979, ha recompuesto su collage de
vida, son trozos y restos de fugaces miradas, de lágrimas y sollozos
entrecortados para no ser vistos por nadie.
   Diccionarios escritos a mano en su interior, esfuerzos entrecortados
por los cambios de residencia, por los malos momentos pasados; por los
que quedan por llegar.
  Una vez que terminó su recorrido para mandármelo, lo cosió dulcemente,
pero de manera dura y severa, como con rabia, acostumbrado a recibir
paquetes desde el otro lado del mundo sabe que deben de ir atados y bien
atados para que no se pierda ni un átomo del aire que contienen, y así
poder saborear el aroma del café recién hecho de casa.
  Maravilloso recorte de vida y soledad que me mandan desde Bulgaria, no
lo he querido desplegar para no perder la pureza de la obra, la he
dejado cosida y solo me he asomado furtivamente por las rendijas que ha
dejado abiertas para que pueda seguir observando el día a día de un
emigrante, es una suerte de "Big Brother". Muchas gracias amigo por tu
obra, conceptual y fuerte, un grito de soledad y esperanza.

EN EL BOSQUE DE LA ALHAMBRA I



 
 
     Paseando lentamente como acostumbro, para impregnarme de los
maravillosos sonidos y olores del frondoso bosque que vigila mi
ciudad.
 
      Percibiendo sonoras cascadas de agua helada, trasparente que baja
desde los jardines del Generalife, vi que de un gran castaño
centenario caía suavemente una enorme hoja marrón, muy sutil era
su caida, casi volaba hacia mis tendidas manos, según se acercaba
pude vislumbrar que realmente su forma adolecía de las puntas con
que se adornan estas lindas escamas de estos árboles, además
carecía de nervaduras para reforzar su carácter.
 
       Cada vez mas cerca de mi vi con asombro que en esa linda hoja
había una mancha negra, bueno al fin y al cabo era invierno y
podría ser que se había mojado e incluso pudiera que se tratase
de algún liquen que intentaba aferrarse a la vida. Ya a una
distancia menor, pude apreciar que se trataba de unas letras,
quizás este árbol qureia decirme algo, pues es un paraje tan
especial, tan hechizado que no me extrañaba nada esta situación
que todos hemos vivido muchas veces en un lugar tan entrañable y
mágico a la vez.
 
       Finalmente cuando ya casi la tocaba con mis dedos vi el mensaje, el
conmovedor y maravilloso mensaje " ARTE ES DAR".
 
       Inmóvil, helado me quedé, ¿quien me conocía tanto, quien podía
haberme hecho llegar un mensaje tan profundo de esa forma tan
maravillosa? Pronto descubrí el maravilloso secreto que guardaba
mi dorada hoja de castaño, era Mi amiga Claudia Morassi que desde
Montevideo me la dejaba caer en mis manos justo en el mejor de los
sitios.
 
       Abriendo los pliegues de este maravilloso regalo encontré que
parte de esta belleza se había instalado en su interior, los
pájaros se guarecían de la lluvia, Ya florecía el campo
inundándolo todo de su fragancia y olores.

EN EL BOSQUE DE LA ALHAMBRA II



 
 
     Seguía mi fantástico paseo, pero ya mi paso no era lento porque ya
estaba volando, sentía esa sensación que tenemos los que creamos
nuestro mundo imaginario, estaba envuelto en una pura y blanca nube
de algodón cuando algo despertó mi atención, eran unas ramas de
sauce muy retorcidas, daban la impresión de ser unas manos que
aprisionaban unos brotes verdes, pensé que podía ser musgo, pues
estaba en una umbría y con la humedad y el frío seria lo mas
natural.
 
       Me acerque sigilosamente, pues también podía ser algún animal
mitológico de esos que tantas veces no encontramos en nuestra
travesía en la búsqueda de la belleza.
 
       Allí estaba yo frente a un paquetito en la copa de un majestuoso
árbol, suavemente fui abriendo los dedos que asía el preciado
objeto y allí en lo mas alto de la colina de la Alhambra estaba el
mensaje que me mandaba Jorge Echineque, nunca sabré como sabia que
iba a encontrar su obra en lugar tan recóndito e inaccesible.
 
       Una vez en mis manos abrí dulce y pacientemente aquella fruta
verde que me daba el sauce y me encontré con el mensaje de
esperanza que encontró nuestro amigo en la calle de una ciudad
lluviosa, un amor blanco y puro como la flor del azahar. Allí vio
como la tenebrosa y áspera calle también tenía rincones de
esperanza e ilusión.
 
       Bonito libro que me sugiere esa ciudad que todos conocemos, no solo
en Montevideo, sino en cualquier parte del mundo, ciudad que nos
engulle y no nos deja respirar.
 
      Encantadora obra muy profunda, tanto como la hoja que guarda en su
interior para recordarnos que siempre habrá una nueva primavera.

EL LARGO OTOÑO




   Seguía siendo otoño llevaba ya largos años hundido en un largo y triste otoño, siempre envuelto en arces rojos, cubierto de sus hojas que me envolvían y me asfixiaba.
   La lluvia lenta suave y constante empañaba mi mirada, el color rojo tan intenso hería mi pupila hasta hacerme sangrar lagrimas de pasión, lagrimas de tristeza de compasión por el ser en que me estaba convirtiendo, animal huidizo y desconfiado, tapado por una gran mascara de tupidas hojas, solo en algunos minutos, o quizás segundos en que brotaba la primavera y veía alguna mariposa podía lavar mi cara para ver el animal enjaulado que se reflejaba sobre los charcos de rocío que ese sol de primavera había convertido en cristalina agua.
   Maravilloso libro que he podido ver en la red, perteneciente a mi admirada amiga ANA CELIA QUINTANA, y que  amablemente a fotografiado y colgado Mª Antonia Sánchez, en su blog.
  En este fantástico documento grafico, veo la ternura que nos recrea su autora para enmascarar el triste destino del otoño, que cada vez se torna mas rojo, mas largo y por su puesto mas triste. Ana Celia ha sabido entrar en nuestros corazones de la forma mas sutil para arrancarnos esa sonrisa de niño que llevamos dentro a la espera de su regalo que en este caso viene dado en forma de primavera, una primavera verde y frondosa, rodeada de multicolores mariposas revoloteando sobre nuestras vidas. Un fuerte abrazo ya gracias por darme ese soplo de emoción y de fuerza para escribir. 

SOÑABA…….





   Aun no era de día, intentaba desperezarme pero no podía, así que me deje llevar, tanto fue así que volví a quedarme envuelto en mis penumbras, pero esta vez era un dulce y profundo sopor que me elevaba mas allá de las nubes, porque realmente volaba, no era un sueño, estaba sobre el Atlántico a gran altura hasta que baje lentamente para seguir acurrucado sobre las mansas aguas del Mar del Plata.
    Nunca había pisado esas tierras, ni en sueños, era mi primera incursión de muchas que seguirían, pues encontré la paz que necesitaba junto a aquellos pájaros que me acompañaron en mi fugaz y delicioso paso por el charco que une las orillas de Argentina y Granada.
  Que bonito era todo, apacible, arrullado por un tango, aunque no estaba muy seguro si así era, pero el sonido si que era la machacona música de una bandoneón tocado por algún marinero errante perdido en alguna cala cercana.
 Así estuve horas, no se si días, pues era difícil discernir algo en aquel estado de embriaguez en que me encontraba Parecía que ya clareaba algo y del suelo iban brotando flores, bueno aún no sabia si serian flores, pues realmente la tierra parecía romperse, como si pugnara por salir algún brote vegetal, se rasgaba la superficie cada vez mas rápido, parecía que incluso le arrancara algún quejido, pues ciertamente el dolor sería intenso toda la piel rajada, abierta como una gran herida sangrante.
   Después de un rato de observación y estupor vi que se asomaba algo geométrico, como una punta de lanza, esta crecía a gran velocidad hasta convertirse en un gran y maravilloso obelisco, y la gran herida de la tierra se convirtió como por arte de magia en una gran avenida, nada mas y nada menos que la calle Corrientes de Buenos Aires.  
      Aquello me hizo recordar que mi gran amiga Ángela Vadalá  me había estado contando cosas de su tierra, del barrio donde nació, creo recordar que me dijo que era La Boca. Que preciosidad, como ella fue capaz de llevarme volando por todo su mundo con unas palabras con un gesto.
    Precioso libro, que me ha llegado muy adentro por la expresividad y su riqueza de sentimientos. Muy cuidado y sensible.
    Muchas gracias Ángela Vadalá por tu obsequio y por tu gran humanidad.

sábado, 23 de marzo de 2013

Danaus plexippus






                                             










      El naranja es un color alegre, libera las emociones negativas, te hace sentir menos inseguro, menos penoso, más comprensivo con los defectos de los demás y te aporta ganas de perdonarlo todo, además estimula la mente, renueva las ilusiones en la vida y es el perfecto antidepresivo, pues nos da esa energía que necesitamos para llegar a crear todo aquello que deseemos y así lograr la felicidad absoluta.

     Perfecto, necesito ser naranja, crear naranja, no puede ser tan difícil, desde este mismo instante quiero convertirlo todo en el complementario del azul, sentirme así de vivo, así de feliz, nunca hubiera imaginado que pudiera ser tan fácil, pintemos la ciudad de naranja, los árboles de azul…

     No sería tan difícil lograr la paz mundial, con un sólo chasquido de los dedos podemos hacerlo, si cada uno de nosotros pintásemos una pequeña parcelita de nuestro hábitat lo habríamos logrado, sería magnífico si no fuera por un pequeño fallo, algo que me he encontrado un poquito más adelante en mi investigación sobre la felicidad y la armonía. Resulta que mi color favorito, aquel con el que iba a pintar mi vida, mi mundo, tenía una pequeña tara, ese contrapunto necesario para que todo funcione perfectamente, pero que en el naranja es tan controvertido, o al menos eso pienso yo que me deja sin argumentos para poder pediros que encalemos nuestra cúpula de ese color, para que cuando llueva ilumine nuestras vidas.

     Como contrapartida el individuo con color naranja puede llegar a desarrollar unas cualidades totalmente contrarias a lo que deberían, es decir, puede convertirse en una persona manipuladora que hace lo que sea para conseguir cumplir sus deseos. Es por ello que en vez de querer ayudar a los demás, se vuelve egoísta y poco sociable.

     Que desastre, que desilusión, acabo de perder mi nueva tonalidad, resulta que también puede ser todo lo contrario, - no seas naranja- podrían decirnos, y en mi caso no se equivocarían, esa acidez que me caracteriza seguro que me la infiere ese color, esa fruta. Ya no sé cómo arreglar este mundo, mi mundo, se me han caído los palos del sombrajo y no sé muy bien cómo focalizar esta nueva derrota, pero lo cierto es que tampoco podría ser tan fácil arreglar el mundo con unas pinceladas de color, eso ya se le habría ocurrido a alguien, pues a lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos, partidos, marcas y personajes encarnados e inspirados en él, incluso en la guerra de Vietnam usaron una mezcla de herbicidas hormonales llamado “Agente naranja”, y todo ello con mi color favorito. Aunque sólo haya sido por unos minutos, he podido disfrutar de su fuerza y vigor, para luego dejarme arrastrar hasta el fondo de mis propias inmundicias. Si fuera naranja sería el peor de los naranjas, el más turbio de todos, sería un naranja fétido y desalmado, solitario y altanero, prefiero que nadie me vea así pintado con ese maloliente color que ha infectado mi cuerpo y alma.

     Estaba triste, apesadumbrado, no pude captar la intensidad y las posibilidades de la confidencia que había llegado hasta mí, nuevamente estaba cegado y cerrado a todo razonamiento que me llegara por los cauces no autorizados por mi obtusa mente. Estaba frente a algo único y no supe comprenderlo hasta un tiempo después, cosa que ahora agradezco, pues ya estoy totalmente preparado para absorberlo y contaros la maravillosa historia que me ha pasado.

     El aire se hacía irrespirable por momentos, y en esta ocasión no era una pesadilla, mi corazón no estaba oprimido por mi enorme pecho, no estaba bocabajo en la cama, pues mi posición era erguida, algo encorvado, pero en posición vertical, estaba mirando fijamente al cielo, pues presentía algo anormal a mi alrededor, el calor se hacia insoportable y la luz se estaba tamizando, perdían pureza los colores de todo lo que me rodeaba, no podría interpretarlo con palabras, pero lo cierto es que la situación se tornaba peligrosa y muy extraña. Ya el lugar se estaba convirtiendo en irreconocible para mí, todo era más grisáceo, estaba anocheciendo en pleno día, apenas podía reconocer ninguna tonalidad a mi alrededor, pero yo seguía allí quieto, intentando comprender aquello que estaba sucediendo a mi alrededor. Nunca hubiera podido correr aunque creo que no lo intenté, todo parecía un mal sueño, pues allí anclado tendría que esperar el fatídico desenlace, debía esperar que las fuerzas extrañas que me rodeaban me llevaran a esa otra dimensión desconocida que sabía que se abriría frente a mí en cualquier momento. Todo pasaba muy rápido, no podía pensar ni analizar la situación, me notaba confuso y acobardado, ya todo estaba terminando y yo allí quieto, inmóvil, absurdamente ni siquiera sudaba a pesar de las altas temperaturas a las que estaba siendo sometido.

     Sólo cabía esperar, dejarme arrastrar por la marea que llegaría de un momento a otro, ese tsunami sería lo último que vería y nunca más podría escuchar a Mozart ni deleitarme con el grave y sonoro timbre de Cello, pensando que es la voz aguardentosa de una cupletista entrada en años llorando una triste melodía mientras lo arropa entre sus piernas.

     Aquello que había empezado como un bonito día de campo se convirtió en algo difícilmente imaginable para cualquier mortal, la peor de mis pesadillas se enfrentaba a mí en plena vigilia. Pero aquel día no era uno más del año, estábamos en Noviembre, concretamente era el día de “Los muertos”, y eso era muy importante, aunque yo en aquel momento lo ignoraba, nunca olvidaré ese día.

     -El Día de  Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos, se cree que los familiares fallecidos regresan a casa, donde se les honra con banquetes, celebraciones y elaboradas ofrendas. De acuerdo con la leyenda, las mariposas monarca que llegan a México en estas fechas son en realidad las almas de los fallecidos que regresan a este mundo. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizaban en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años.-

     Nunca me había percatado de ese detalle, que un día como otro cualquiera tuviera esa trascendencia en la vida de muchas personas, incluso ya para mí también desde este momento en que estoy relatando mi profunda experiencia extrasensorial, sin poder transmitir todo aquello que percibí de manera clara y concisa, pues hay que tener en cuenta el estado en que me encontraba, debido a la situación tan extraña que estaba viviendo, aún así intentaré hacerlo de una manera clara y sencilla.

     Finalmente pude comprobar el porqué de aquellos cambios tan espectaculares a mi alrededor, pues se trataba de una gran nube naranja, ese color que me perseguía desde el inicio del relato, se acercaba a mí de forma rápida e inexorable, me atenazaba y a la vez me excitaba, y cuando todo se cubrió de ese mar de nimbos agrios vi claramente que se trataba de algo que la naturaleza obsequiaba todos los años a los habitantes de México y al mundo entero, los bosques  se pintan de naranja en Michoacán, entre 60 millones y un billón de mariposas emprenden el viaje desde el Este de Canadá y hasta los bosques del Centro-Occidente que es el lugar donde vive mi amigo Teodoro Lavín León, que es un pintor expresionista y activista político muy comprometido, este gran luchador de las causas justas me ha revelado el secreto en un maravilloso libro cuajado de tricolores lepidópteros, esos que año tras año recorren casi cinco mil kilómetros para posarse en los templados bosques de su comarca.

     Los algodoncillos que comieran las orugas de las” Danaus plexippus” se han convertido en papel, para que fielmente plasmara su vuelo, su migración, y en definitiva su vida y que así pudiera yo disfrutar aquello que lleva viendo desde su niñez. Pero además como escritor reconocido que es, entre el vuelo grácil de las monarcas me explica, me conduce y me lleva a través de su mundo, de sus mundos a ver y sentir todo el proceso del milagro. Su verbo lo transcribo  seguidamente:





        Migrante que baila entre las flores

        Mariposa que vuela y revuela sobre la nada

        Naranjas de vuelo intercontinental que surcan el cielo de América

       Valientes como naves de Avatar que enfrentan vientos diferentes

       Migración de América del Norte, de Canadá a México en el invierno

        Mariposas que danzan en mi bosque colgadas de ramas como pencas

        Llamarada de sol que inundas nuestros cielos

        Vibran, danzan en mi armonía sinfónica



     Así termina mi experiencia con el libro de las mariposas que va más allá de cualquier tratado que nadie escribiera.